Un desacuerdo mutuo en clave de humor y reflexión.

demutuodesacuerdo-cartel-770x1089Muchas veces observar hace que uno mismo reflexione sobre ciertos aspectos de la vida. Vemos en los comportamientos ajenos una radicalización de las consecuencias, a menudo nefastas, de los problemas que inundan la sociedad. El orgullo, el egocentrismo, esa “paja” ajena que vemos en los demás coordina y dirige nuestras vidas sin ser conscientes de ello, y no vemos el grado de culpabilidad que nuestra persona acarrea, cual carga mulera, día a día. Pero si de algo somos capaces, es de pararse a pensar, y reconocer los errores. Bueno, a veces, cuando reconocemos los errores, los convertimos en errores de otros, sin darnos cuenta de quién o quienes son los verdaderos perjudicados. El ser humano no es perfecto, ¿no? Casi siempre, el desacuerdo es mutuo.

Fernando J. López ha querido plasmar en De mutuo desacuerdo una situación más que cotidiana, donde los valores personales son los reyes regentes de la vida conyugal de una pareja. La ausencia de comunicación, sobre todo, y el deficiente organigrama de las prioridades de la pareja son la nota que suena con más fuerza en este concierto de desavenencias matrimoniales. Ella, una madre que proyecta su fracaso laboral en su fracaso matrimonial, rozando la paranoia sobreprotegiendo a su hijo. Él, cornudo que rehace su vida y para el que su trabajo lo es todo, despreocupándose del comportamiento de su hijo, calificándolo de normal, casi rozando el pasotismo. Un denominador común: su hijo, heredero directo del reino de los infortunios. Una escena posiblemente reconocida por todos, siendo realistas. Ahora, añadámosle un toque de humor. Posiblemente la mejor manera de darse cuenta de la realidad de la situación. Y es que no hay mejor forma de reflexionar que reirse de uno mismo pensando que lo hacemos de lo que no nos pertenece.

Añadiendo ese toque de humor, aparecen por méritos, dos nombres más que propios: Toni Acosta e Iñaki Miramón. Dos actores que demuestran que su trayectoria profesional no es puro trámite, ni es ‘por casualidad’. La perfección en el ritmo de la interpretación, la seguridad que demuestran en sus papeles hacen que De mutuo desacuerdo sea un momento de vida propia, real, donde la calidad de los diálogos haga que estos sean los protagonistas, convirtiendo a cada espectador en los intérpretes reales de la obra. Son puros representantes de una trama donde esa falta de comunicación se transmite a esos espectadores, que en cada cambio de tonalidad dramática la recapacitación se adueña del aire que se respira. Dos profesionales que dan a la obra el significado propio que Fernando J. López plasmó en el guión.

Una obra donde caben las discusiones, las miradas, el odio, el amor, los celos, el orgullo, el reconocimiento de culpa, y lo más importante, una obra donde también cabe la sensatez de ver un mundo no tan distante de la realidad. Dos grandísimos actores, Toni Acosta e Iñaki Miramón, un trabajo excepcional de Quino Falero, y una más que grata sorpresa por parte de Fernando J. López, una gran obra. Preparaos para no dejar de reir, y ver realmente de qué somos capaces llevando el egoísmo y el orgullo por bandera.

De mutuo desacuerdo.

Fernando J. López.