Tres colores para tres intenciones. Entramos en Carinhall.

coverHay muchos caminos que llevan a realizar un trabajo bien hecho. Sin duda, el más directo es la concienciación de aquello en lo que se está trabajando, y en el ámbito literario, una buena documentación, más bien exhaustiva y estructurada, junto a una pluma delicada y exquisita en técnica narrativa, sean el complemento perfecto para tal objetivo. El concepto de best-seller ha alcanzado derroteros que muchas veces la buena literatura no alcanza a comprender, no gozando de exclusividad. Sin embargo, de lo que la buena literatura puede sentirse orgullosa es de rezumar placer hacia aquellos que hacen uso de ella, ya sea escribiéndola o leyéndola. Parece que esté elogiando Tres colores en Carinhall de manera desmedida. Abramos la mente y pensemos detenidamente qué buscamos dentro de las páginas de un libro. Posiblemente, a más de uno le parecerá que Carlos Díaz Domínguez puede ofrecer aquello que buscamos. Y dejo el elogio de esta novela a merced de la opinión crítica de cada uno; considero la literatura personal e intransferible.

Tres conciencias que chocan entre sí dentro de un mismo eje espacio/tiempo. Tres afluentes que nutren un mismo rio pero que, al igual que ocurre con el Amazonas y el Negro en el inicio de su unión, sus aguas se resisten a mezclarse. Tres colores que pintan un mismo lienzo sin formar nuevas tonalidades entre ellos. Es la composición de Tres colores en Carinhall, ni más ni menos. La II Guerra Mundial está en pleno proceso de destrucción, y Carlos Díaz Domínguez ha querido plasmar la historia desde todos los ángulos posibles. Sin una trama ambiciosa, la minuciosa documentación y la precisa estructura narrativa nos llevan a visualizar tres personalidades que sufren, cada una desde su posición, los aspectos más crudos del conflicto bélico, viviendo en cada una de ellas lo que realmente significó una Guerra que, más allá de la literalidad del significado de la palabra, se llevó por delante la dignidad, la ideología, la humanidad de las personas, y que no pudo con el sentimiento más puro.

Un tono solemne, rozando la altanería y la soberbia; otro tono inteligente, casi ideológico y racional; y un último tono, el humano, condescendiente, sincero. Son tres paralelismos acompañados de un vocabulario sencillo a la vez que técnico, casi independientes, que Carlos Díaz Domínguez lleva con señorío durante toda la novela enlazándolos, compartiendo historia, pero manteniendo su papel. La burguesía alemana defendiendo su cometido – sin dejar de lado la bufonería, la soberbia apariencia de la superioridad enmascarando la debilidad, el sentimiento de inferioridad, y el hastío de la ignorancia – representado por Erika, esposa de un Oberst alemán; el comunismo francés repudiando cualquier soberanía pura, defendiendo la ideología comunista, y la racionalización posterior de Nicolette; y el querer vivir humanamente de Teresa, amando, por y para los demás, esperanzada por sentir que la libertad, el respeto, y todos los valores humanos se restauren algún día, nos enseñan una II Guerra Mundial donde nada es lo que parece, y de una manera cruda, hacen que el lector se interne en los puntos más oscuros y ocultos de la conciencia humana, donde el dolor, la desgracia, la humillación, la supervivencia, y el amor son más que pistolas, cañones, aviones y bombas.

El poder, la justicia, la libertad. Interés, ideología, humanidad. Tres colores, tres conceptos, como se quiera considerar. Tres colores en Carinhall demuestra una literatura con conciencia, narrando una historia conocida por todos con la elegancia de no entrar en batalla, contándola desde dentro, desde la perspectiva de la persona que la sufre. Un estilo que lleva al lector a apreciar un dominio de narración, que sin alardeo, profundiza en la verdadera esencia de aquello que se está narrando. El elogio subjetivo forma parte de una lectura como Tres colores en Carinhall, donde, a pesar de no encontrar una trama intensa, rápida, intrigante, sí encontramos una lección magistral de historia, arte, relaciones humanas, ideología, escrita con solemnidad, concienciación, un vocabulario cuidado e intenso. Es el elogio que le hace MML a Carlos Díaz Dominguez, por demostrar que la buena literatura no es sinónimo de “libro, novela”, sino del placer de leer y disfrutar de las palabras.

Rubén Soriano

MML

Tres colores en Carinhall

Carlos Díaz Domínguez.

Ediciones B