CEWCla5WAAATlVPSi un librero con conocimiento de causa te ofrece una lectura y te asegura que te va a encantar, obedeces casi sin cuestionar posibilidades, y lo lees. Y encima descubres que acierta. No es que acierte, es que al terminar la lectura te sorprendes. Mejor dicho, piensas que es una joya como pocas. Muy bien, no siempre, pero si hablo de Rafa Calatayud y La vida te matará, en mi caso fue en ese orden. ¡Ja! Un escritor novel, y te tapa la boca con semejante historia. Paso siguiente, proponerle al autor una cervecita y una charla sobre esos malditos conejos y el gato Micifú. Yo no me quería quedar con el regustillo de “que cabrón, quiero que me cuentes más sobre este libro”. Cosecha Roja, cerveza, webcam, y quince minutos de gloria. Y así fue…

MML: Lo primero, Rafa, preguntarte qué es lo que te lleva a escribir este tipo de novela, una novela canalla, con personajes poco habituales, al igual que las localizaciones, y con esa trama tan particular que nos plantea si la vida es como se narra en el libro, o es algo extraño.

RC: Sí que pienso que la vida no solo existe tal y como la plantea la novela sino que existe mucho más, incluso mucho más desagradable. Lo que me llevó a retratar la novela es un tipo de sub-mundo, por decirlo así, que está dentro de la ciudad, Valencia en este caso, donde la gente más baja y miserable se mueve. No era tan importante para mí mostrar eso sino contar primero una historia con una trama especial, desestructurada,…

MML: Que empieza por el capítulo quince y ya de principio nos descoloca…

RC: … y que sigue por el capítulo primero. Pero lo que en el fondo quería retratar es toda una tradición de la novela negra, a mi parecer, muy rica, con personajes muy cutres, hampones, de andar por casa. Comparado con el cine, sería como Atraco Perfecto o La jungla de asfalto, pequeños miserables que intentan dar un gran golpe que los salve de esa mierda de vida. Esto me atría más que una novela negra de investigación, de procedimiento. Más una novela de tratamiento de personajes muy canallas, muy cabrones, y muy tirados.

MML: La novela se centra en Valencia. Leí una afirmación tuya en una entrevista, que decía “En Valencia, no solo somos famosos por la corrupción, sino que en Valencia hay telita”.

RC: (risas)… Sí, podría haber elegido hablar de la corrupción, pero creo que hablar ahora de la corrupción en Valencia es imposible. No puedes escribir una novela sobre corrupción en Valencia porque no puedes superar lo que está ocurriendo. Entonces, cuando los telediarios hablan de noticias que parecen tramas casi inventadas, no vas a poder superar la realidad. Creo que en Valencia ocurre también que no solo somos el tópico de la corrupción, de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, conocida nacional e internacionalmente, sino que Valencia somos los barrios, y sobre todo, lo que ha sido la ciudad los últimos cuarenta años. Una ciudad dando bandazos entre una modernidad que parece exportada, muy glamurosa, y una realidad como la que es.

MML: Por eso no eliges enclaves típicos de Valencia, sino que te vas a barrios y lugares, y perdón por la expresión, con mucha “mierda”…

RC: Y sobre todo poco tocados, que realmente tienen mucho gustillo literario, igual que pienso que no están trabajados. Por ejemplo, tu ves una novela negra madrileña, o neoyorquina, o sueca, y todo te da una impresión como de estar en una serie de espacios que conoces, son muy conocidos. Y hay una serie de espacios que no son conocidos, no están trabajados, y que sin embargo tienen un sabor muy interesante. Y que habría que trabajar, porque yo sí que creo que eso, en cierta medida, podría ser exportable. Si los suecos son capaces de exportar todo lo suyo, y son nombres de calles imposibles de pronunciar, (risas)…, ¿Por qué no vas a exportar lo que es tuyo? Los argentinos lo hacen, los mexicanos,… ¿Por qué nosotros no?

MML: Hay algo que me intriga desde que terminé de leer la novela, además, sé que te conocen como “el autor de los malditos conejos” (risas)… ¿Cómo llegas a los conejos?

RC: Bueno, por no destripar… Y me lo preguntan… me dicen, “Eso no es verdad”. Yo digo que me lo han contado, es la leyenda urabana típica de los últimos veinte años, con el subidón del tema del ladrillo. A mí me lo han contado por tres sitios distintos, como que es verdad indiscutible. Yo no sé si es verdad o no es verdad. Lo que sí sé, como dicen en El hombre que mató a Liberty Valance, si la leyenda supera a la realidad, publica la leyenda. Es que la historia es tan brutal, por qué no contarla. No lo sé, no lo sé. Eso sí, te aseguro que a mí me han dicho que es verdad.

MML: Bueno, y además lo has utilizado como gran ironía sobre el tema de la corrupción urbanística…

RC: Y sobre todo, lo que más me interesaba es que, como hablábamos antes de esa estructura que va hacia delante y hacia atrás, si empiezas por el capítulo quince como lo hace la novela, todo está hecho, es inevitable. Mi intención era también dar la impresión de que da igual. Todo es tan patético, corrupto y podrido en la sociedad, que, de hecho, los personajes que se creen más inteligentes y los más estúpidos, tienen las mismas posibilidades de salir vivos, o no. Entonces, todo está tan supeditado al azar y a la maldad, que… pocas cosas se pueden arreglar. Sí que pienso que tiene que haber esperanza, pero, de verdad, siempre he pensado que lo último que se debe perder no es la esperanza, sino el sentido del humor. Si no puedes reir de todas las barbaridades que ocurren, vas a acabar en un hoyo tremendo. En ese sentido la novela creo que lo que más intenta transmitir es el hecho de que en la sociedad actual, retratada en las noticias de determinada manera, la gente de andar por casa, la gente de la calle, aunque hay de todo, pero digamos que es la que tiene la última palabra, y al mismo tiempo, la que está más metida en la “mierda”. Es decir, ¿tú puedes solucionar esto? No lo creo. ¿Puedes intentarlo? Claro que sí, pero sobre todo, tienes que sobrevivir. Y para sobrevivir, como no seas el más “cabrón”, en determinados ámbitos, lo llevas muy claro.

MML: Una elección de un elenco de personajes muy amplio, desde rusos mafiosos,…

RC: ... Muy coral…

MML: Coral. Me gusta el término “coral” porque también dijiste que una de las influencias que tenías era Himes, a parte de Thompson, que pensabas que escribía como si diera puñetazos a los lectores… el tema de las tramas corales también ha ido siempre, no sé si por haber sido guionista…

RC: Sí, me atrae sobre todo por, primero, la influencia que creo que es importante en la novela, de Berlanga y Azcona, porque el sentido del humor,… si estás en Valencia y quieres hacer humor, el magisterio de Berlanga y Azcona lo tienes “presentísimo”. Mucha gente lo dice, Berlanga no hace humor. Retrataba la realidad dura y despreciable. Y te reías, pero era la realidad, hacía realismo. Y realmente se adelantó a su tiempo. Cuando ves todas esas películas, las puedes aplicar perfectamente a lo que está ocurriendo ahora, y es brutal. Han pasado, cuánto, ¿Treinta años? En ese sentido, lo de la trama coral también me gusta el hecho de que no puedes identificarte con ningún personaje. En las películas de Berlanga y Azcona no te puedes identificar con nadie, todos son personajes muy despreciables, pero al mismo tiempo, por alguna razón, son tan humanos que te caen bien, aunque hagan las cosas más abominables. Y eso para mí es un arte tan inmenso… Es lo que me gustaría, desde mi pequeñez, aprender de los maestros de eso, que realmente para reflejar una sociedad no haya héroes ni anti-héroes, solo gente del montón… Solo hay coralidad.

MML: Y como guionista, como persona que tiene el cine muy cerca, ¿ves a esos conejos y a ese gato tan sumamente “cabrón” en una película?

RC: Ves, eso hay que decirlo. Para mí, en la novela, una de las cosas buenas es que los hombres son despreciables, las mujeres son despreciables… y los animales son despreciables. Todos los personajes en sí, todos, tienen maldad. No hay ninguno al que puedas decir, “lo salvo o me identifico con él”. Me pareció algo muy importante. Y en cuanto a lo cinematográfico, yo creo que sí. Tal y cómo está contado y la influencia en los diálogos del cine, el modo de contarlo todo influenciado por un tipo de narrativa audiovisual que hay ahora, series de televisión, en las que juegan con la temporalidad, y el cambio de capítulos, hace que le especatdo se sienta como que no sabe qué va a ocurrir. Es lo que pretendía, que no supieras qué va a ocurrir en el siguiente capítulo…

MML: … y no lo sabes…

RC: No lo sabes, pero cuando lo sabes, piensas que es natural que ocurra. Para mí es lo máximo a lo que puedo aspirar, intentar lograr eso.

MML: Bueno, pues creo que ya hemos destripado un poco más la novela, solo me queda dar las gracias a Rafa por conceder estos minutos… ¿Alguna novela a la vista?

RC: Bueno, un par de cosillas que ya iré contando…

MML: Pues muchas gracias Rafa, y espero que ésta sea la primera de muchas.

Rubén Soriano

MML

Entrevista a Rafa Calatayud por su novela La vida te matará, editada por Alrevés

Dar las gracias a Miguel Fuentes, de Cosecha Roja, por permitirnos el compartir unos minutos, unas cervezas y unas palabras. Fue una experiencia inolvidable, que espero se vuelva a repetir. Aquí os dejo el enlace para que podáis disfrutar de toda la entrevista en YouTube.