Memoria del Paraíso - Juan Sevillano
Memoria del Paraíso – Juan Sevillano

Después de leer Memoria del Paraíso, no tuve más remedio que dedicarle un espacio generoso en este blog a esta novela de Juan Sevillano Rojo, madrileño por placer, y residente en la literatura. Una lección de humildad, humanismo, seriedad, realismo, crudeza y sensibilidad en un complejo pero alentador reflejo de los valores más codiciados por el ser humano. Una vez saciado el hambre de nostalgia y empapado en integridad y enseñanza, Mucha Lectura Punto Com no se ha conformado con sólo disfrutar de esa preciosa joya escrita con elegante pluma y se ha lanzado, cuál personaje devorador de conocimiento, a conocer más a fondo ese “Paraíso” que a muchos ya les ha llenado el alma. Y los calificativos de elogio no son más que sensaciones de un servidor después de leer Memoria del Paraíso, así que después de disfrutar de esa lección, he querido disfrutar más de la savia de la experiencia y del puro saber. En nombre de este blog he osado a importunarle, con todo el cariño y respeto que éste gran escritor profesa. Y es que Memoria del Paraíso es más que un recuerdo, ¿no es así, don Juan?

MLPC: Hay muchos temas candentes y que atrapan fácilmente a los lectores en los que basar una novela, pero Memoria del Paraíso nos traslada al Madrid de los 50, una época no muy alegre ni queridamente recordada por muchos, y concretamente en una zona pobre, un suburbio. ¿Por qué el Madrid de los 50?¿Y por qué la pobreza?

J. S.: Como casi siempre ocurre, no hay una sola razón, sino varias y de difícil categorización. Quizás, no estoy seguro, la primera de ellas sea mi implicación biográfica y mi compromiso ético, madurado a lo largo de muchos años, de rendir homenaje a aquella generación de niños, de distintas edades, emigrantes del campo a las ciudades en los primeros años de la larga posguerra. Esta generación, (en sentido amplio), que yo no dudo en calificarla de heroica, ha sido, en mi opinión, escasamente reconocida desde el punto de vista de la literatura. Seguramente porque ninguno de aquellos niños llegó a tener la suficiente formación para escribirlo con la autenticidad del que lo ha vivido. Muy joven, con diecinueve años, creo, leí “Tiempo de silencio”, de Martín Santos, novela magnífica en muchos sentidos, que describe esa sordidez del chabolismo suburbial, al servicio de la trama argumental, que si por una parte me entusiasmó como lector, por otra me dejó en cierta medida insatisfecho, incluso algo frustrado, por lo que, en mi opinión, le faltaba y que difícilmente podría contar alguien que no lo hubiera vivido. Años después, Juan Marsé con su apabullante y tremenda “Si te dicen que caí”, me reafirmó en la idea, que poco a poco se iba afianzando y tomando cuerpo, de escribir algún día, sin fijarme plazo, algo que reflejara de verdad lo que fue aquella “infancia en el suburbio”.

MLPC: La pobreza, las situaciones precarias, la infancia robada por la dureza de los tiempos, esa difícil enseñanza para aquellos niños que hoy por hoy todos  tienen (sin esfuerzo), … El positivismo no parece tener una presencia sobrante, pero aún así, usted habla de “Paraíso”. Paradógico…

J.S.: En sus pueblos de origen, aquellos niños, a partir de los siete u ocho años, ayudaban ya a sus padres trabajando, (mi caso y el de otros muchos), por lo que la escolarización era mínima, cuando no nula. Al llegar a la ciudad, en cierta medida se les devolvía la infancia robada, si bien el esfuerzo que debían de hacer en la escuela era inmenso para ponerse al nivel de sus compañeros (los que habían llegado antes que ellos, o los que habían nacido en el suburbio). No todos lo conseguían. Yo fui un testigo privilegiado de todo aquello, si bien mi caso fue excepcional, debido a tener una madre excepcional que me enseñó a leer (y a leer),  prácticamente al mismo tiempo que a hablar. Para muchos de aquellos niños, esa infancia recuperada, significó el Paraíso, aún dentro de la sordidez y la miseria reinantes en su entorno. (“la alegría infantil, remanso cercado por la desesperanza adulta”). El contrapunto a esa infancia de la precariedad, de la penuria, en la novela, lo representa el hijo de los farmacéuticos, la infancia bien criada, educada en colegios caros, y futura clase dirigente.

MLPC: Cuenta la historia de unos niños, o mejor dicho, los niños protagonistas de la novela, en concreto el autor del “Cuaderno de notas”, cuentan su historia, plasman un realismo de la época. Y en la narración hay una seguridad palpable en aquello que se cuenta. ¿Hay algún reflejo directo en la experiencia de Juan Sevillano?

J. S.: Si la pregunta se refiere a si fui uno de esos niños que vivieron en el suburbio, la respuesta es sí. La novela, pues, es autobiográfica en el sentido de que soy uno de ellos. No lo es, desde luego, en el sentido de que yo sea el autor del “Cuaderno de notas”, ni otro cualquiera de los personajes, al menos literalmente hablando. Todos los ellos, mejor dicho, casi todos, responden a patrones reales, de carne y hueso. Sólo les he cambiado los nombres, (salvo a cuatro de ellos, ya desaparecidos, a los que llamo por su verdadero nombre, como un humilde homenaje a lo que significaron para mí), por razones obvias de respeto a su intimidad. Alguno, como es el caso especial, de Aloloco, el mendigo, (o en otro sentido, El Granaíno y El Chova), adquiere una significación simbólica que trasciende al modelo real para convertirse en metáfora de lo que podríamos llamar la cara más sucia y terrible del suburbio. Otros, como La Aurorita, sintetizan el ideal femenino sublimado de unos chicos en su tránsito a la adolescencia. Pero, tanto ellos, como los lugares que se describen y las fechas que los enmarcan, responden estrictamente a una realidad histórica de la que yo fui un protagonista más.

MLPC: Ya que hablamos de vivencias en primera persona, en Memoria del Paraíso vemos como el paso del tiempo hace mella en ese Paraíso. Pero donde más agravado parece es en esa visión de don Anselmo años después de que el protagonista dejara el colegio. ¿Se podría decir que esa depresión en un personaje tan querido como es don Anselmo, es un paralelismo de la pérdida del Paraíso?

J.S.: Como ya he dicho antes, para estos niños, que en sus lugares de origen, apenas habían pisado la escuela, y con padres en muchos casos analfabetos, la figura del “maestro”, y más si era de la calidad humana de un don Anselmo, venía a suplir muchas carencias, y no sólo educativas.

En el caso del protagonista de la obra, la figura de don Anselmo representa uno de los pilares más sólidos de ese Paraíso infantil que su mente ha fraguado. Hasta tal punto esto es así, que cuando lo ve en ese estado de deterioro físico e intelectual, se le viene el mundo encima. El mazazo emocional es tan tremendo que, por un momento le evoca la figura para él más aterradora del suburbio, Aloloco, el símbolo más negro y perverso de ese Paraíso, la figura que es la antítesis de la del maestro idealizado. Evocación que rechaza con horror, al tiempo que se tiene que gritar a sí mismo: “¡Dios! ¡Que es don Anselmo!”.

Pero aún poniendo de relieve la importancia que el colegio y sus profesores tienen en ese mundo idealizado y complejo que se ha forjado M**,  no conviene olvidar que su verdadero fundamento, (me parece cursi llamarlo piedra clave), son las relaciones de amistad entre los miembros más íntimos de la pandilla, así como el patio, hábitat natural de dichas relaciones, sin excluir otros muchos factores de menor peso, pero en absoluto carentes de importancia.

En realidad, la pérdida, (o expulsión), no se produce, ni de la noche a la mañana, ni por un solo suceso. Empieza con el abandono del colegio, el día que cumple catorce años, para empezar a trabajar en el taller, (un mundo de adultos). Y termina definitivamente con la muerte de uno de sus mejores amigos, que también significa la muerte de su propia adolescencia. Aquí termina el viaje. Fin de trayecto. Pero entre estos dos sucesos, con sus fechas respectivas, se van produciendo hechos, (disolución de la pandilla, la huida de la Sagrario, el encuentro con don Anselmo, la crisis suicida de su amigo Felipe, que es también su propia crisis), que, como golpes de derribo, van revelando, de forma amarga y desoladora, la pérdida definitiva del Paraíso.

MLPC: ¿Hay Paraíso hoy en día? ¿Se valora hoy realmente aquello que se disfruta en Memoria del Paraíso?

J. S.: Rotundamente, sí. Afortunadamente los paraísos infantiles, mientras haya niños, siempre existirán. La capacidad imaginativa de un niño para forjar su propio Paraíso, creo, sigue estando presente y, espero, confío, en que lo estará siempre (a pesar de la idiotización permanente a la que están sometidos a base de programas memos de tv y juguetes de pos-ultísima generación, que dejan escaso recorrido a la imaginación).  Por no hablar de ese sentimiento inefable y maravilloso que es la amistad preadolescente. (Y que es, no lo olvidemos, la base sobre la que M** fragua su Paraíso). Creo que eso, por ventura, está en nuestro ADN. Aunque, bien es cierto que no todos los niños, (como ocurría también en el suburbio), tienen la imaginación y la sensibilidad  para abstraerse e idealizar la amistad hasta convertirla en tabla de salvación, como el protagonista de la novela.

Pero, en general (no soy un experto en psicología infantil y no descarto estar en un inmenso error), creo que la capacidad de un niño para crear e idealizar un mundo a la medida de su imaginación es independiente del nivel de riqueza de la sociedad en la que vive, aunque, lógicamente, condiciona. En una sociedad desarrollada, del bienestar, del despilfarro, o como quiera que se la llame, como es la nuestra actual (salvando todas las excepciones), los paraísos que un niño se pueda forjar están condicionados por la abundancia, la sobre dosis, el hartazgo, … Todo lo contrario de lo que se describe en “Memoria del Paraíso”, donde todo es marginación y pobreza.

Pero, a poco que levantemos la vista de nuestro pequeño y autocomplaciente mundo, vemos que existen muchos “suburbios” como el descrito en la novela, y aún peores, con niños explotados y despojados de su infancia, sin el menor atisbo de esperanza. Demasiados. ¿A qué citar aquí ejemplos de sobra conocidos, y que están llamando a diario a las puertas blindadas de nuestra conciencia?

MLPC: Hablemos de Juan Sevillano. Tantas emociones, sentimientos en la obra, ¿Cómo se sintió usted después de terminar Memoria del Paraíso? ¿Qué fue lo primero que sintió cuando vió su obra totalmente finalizada?

J. S.: Sentí una especie de “descargo de conciencia”, como el sosiego que produce una confesión largo tiempo meditada y a la que por fin te atreves. En todo caso, la sensación de placidez y emoción que da el deber cumplido, como el de haber reparado un injusticia, (dentro de mis modestísimas posibilidades, naturalmente). Como he dicho antes, escribir esta obra en concreto era para mí una asignatura pendiente. Era un proyecto acariciado y madurado durante muchos años. Se lo debía a mucha gente, mejor dicho, a su memoria, pues, desgraciadamente, casi todos han desaparecido ya y no pueden leer mi modesto homenaje. Sí, me sentí bien, salvo por la duda de si mi talento ha estado a la altura de mi empeño.

MLPC: La novela se puede conseguir en Amazon, en formato digital. Digamos que usted forma parte de los llamados “Autores Indies”, independientes, y que vienen con fuerza para encontrar su sitio en el mundo literario… ¿Ha habido más literatura antes de Memoria del Paraíso?

J. S.: Sí, hay bastante literatura antes de “Memoria”. Desde que publiqué mi primer libro, “En la aceptada orilla”, en 1973, no he dejado de escribir, en la medida en que mis ocupaciones profesionales me lo han ido permitiendo. Hay tres poemarios, bastante extensos, y varios relatos, todo ello inédito. Ni tan siquiera he intentado publicarlo; no tengo el mínimo interés. Si “Memoria del Paraíso” ha visto la luz en Amazon, (en formatos digital y papel), se debe enteramente a mi querido e impagable amigo Ignacio Martínez-Jorcano, cuyo entusiasmo tras leer el libro le llevó a proponerme su publicación inmediata. Como yo me mostrara reacio, me pidió que lo dejara todo en sus manos y me despreocupara. A él, exclusivamente, se debe, pues, todo el mérito, que no es poco, de maquetación, portada, relleno de formularios, etc, que conlleva la publicación.

MLPC: Y ya por pura curiosidad,… ¿Habrá vida después de Memoria del Paraíso?

J. S.: Que habrá vida, seguro que sí. Que dicha vida se haga pública, eso ya no te lo puedo asegurar. De todas formas, tras la experiencia de “Memoria del Paraíso”, mis reparos a entrar en el mundo de la publicación han disminuido notablemente. El que el libro esté ahí de forma permanente, a disposición del que se interese por él, resulta muy gratificante y, por qué no decirlo, hasta halagador; ya sabes, esas virutas de vanidad que siempre quedan en el baúl, aunque creas haberlo  vaciado a fondo.

MLPC: Me gustaría darle las gracias por encontrar unas horas libres para atender a MLPC. Y esperemos que haya algún que otro “Paraíso” de Juan Sevillano en el blog. Está en su casa.

J. S.: Gracias a ti. Gracias por haber leído el libro, y por haberle dedicado tu tiempo y tu entusiasmo a esa magnífica y generosa reseña que has publicado en el blog. Para mí es un honor y un orgullo ser el primer autor entrevistado por MLPC, a quien deseo, de corazón, todo el éxito que su trabajo merece. Y sé que lo tendrá.

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