El cementerio de los reyes menores. Talento para morir sin un final. Zoran Malkoč

el-cementerio-de-los-reyes-menores_bajaNunca antes el absurdo había tenido tanto significado. Rondaba mi década de los “dieci” cuando muy al este de mi conocimiento un país estallaba en varios pedazos y mi única obsesión preocupante era que debería aprender los nombres de los emergentes y sus capitales, echando por la borda mi memória geográfica de la que tan orgulloso estaba. No alcanzaba a ver más. Un gran talento para morir, leo. Unas zapatillas caras de diseño que valen el engaño, unas bestias enjauladas que pelean por ser más bestias, o una mujer como único objetivo en una trinchera. Como elefantes, todos a morir al antiguo cementerio del pasado, hoy unos grandes almacenes. Un gran significado para unos monarcas que se hacen llamar a sí mismos reyes, sin más reino que la locura de lo que fueron. No es más que El cementerio de los reyes menores.

Posiblemente haya algo de vida propia en cualquiera de los relatos que Zoran Malkoč plasma en El cementerio de los reyes menores. Pero seguro que sí existe la delincuencia narrativa, y no solo en la demencia de los personajes ni en la imaginaria pero conocida localización de la narración. No es de extrañar que dentro del papel de lector, mientras aparecen delincuentes que son grandes poetas de la crueldad, el estómago se vaya llenando de ácidos que destruyen cualquier atisbo de buena digestión, mientras se comprenden los tronos que cada uno de los personajes quiere ocupar. Y es que no hay mejor manera de comprender el absurdo que explicándolo de manera sencilla, rápida y tajante. Malkoč utiliza esa poética sencillez en la amargura de una posguerra para crear una sincera visión del desgaste humano, haciendo de la normalidad un hogar para el trastorno de quien ha mantenido la locura dentro de su mente, retorcida a los ojos del resto, apaciguada en la coherencia para otros.

Malkoč utiliza esa poética sencillez en la amargura de una posguerra para crear una sincera visión del desgaste humano, haciendo de la normalidad un hogar para el trastorno de quien ha mantenido la locura dentro de su mente

El punto álgido de El cementerio de los reyes menores es algo que uno mismo debe decidir. Zoran Malkoč simplemente deja en el aire, y mediante letras, la concepción de un abismo de transición entre un antes y un después, en el que cada uno percibe el aire que respira como único, como suyo. El antes no lo conocemos, quizá lo intuyamos después de unos cuantos talentos para morir. Pero sí que demuestra ser un maestro en una narrativa que pocos se atreven a ofrecer sin alejarse mucho de lo cotidiano. Esos desquiciados personajes viven en su reino con ausencia de drama, sin perder la conciencia de dónde vienen, y disfrutando de su caída en picado segundo a segundo. Esa es la verdadera historia de un conjunto de situaciones, a cuál más abszoran_malkoc_goran-stanzl_pixsell_udlurda pero a cuál más humana, y real. El arte de narrar tiene muchos flancos, como una guerra, pero el más mortífero es el de caer en la trampa de lo normal. Yonquis, borrachos, poetas delincuentes, todos forman parte de una visión única de la literatura de Zoran Malkoč. Desgarradora, es cierto, pero con su toque de sarcasmo divertido, y de una poética simpleza en ella.

No hay nada como dejar que la literatura te sorprenda. Crees haber visto mucho, y cuando te encuentras con algo como El cementerio de los reyes menores te das cuenta de que la vida es una desgraciada pluma que dicta sentencia, y en este caso Zoran Malkoč interpreta el papel de fiscal, abogado defensor, incluso del mismo juez. Y es que vale la pena agotar la cerveza de la que estás disfrutando mientras, por ejemplo, lees cualquiera de estos relatos y no oigas más opiniones salvo la tuya. Total, no todas las historias tienen que tener un final. ¿O sí?

Rubén Soriano

MML

El cementerio de los reyes menores

Zoran Malkoč

Rayo Verde

Aquí encontraréis la ficha del libro