el-caso-mano-perdida-una-investigacion-del-sa-L-rs4rtmAgentes de la ley, detectives, pruebas forenses, etc. En definitiva, trama y novela negra. O lo que se considera hoy por hoy género negro. Hay que diferenciarse, bien salpicando con ironía inteligente las páginas, bien creando los personajes desde su interior, o siendo original en cualquier aspecto que la literatura requiera para calar en el lector en estos tiempos difíciles para el sector. Olvidemos por una vez nombres demasiado oídos –que no leídos o escuchados–, dejemos apartados por un tiempo títulos que no dicen absolutamente nada –y que solo suenan en cajas registradoras– y descubramos nuevos sinónimos de buen hacer. Ya descubrí hace unos meses uno de esos sinónimos con Devuélveme mi noche rota, y da la casualidad que fue de la mano de Sinerrata. Qué decir que esta editorial me ha puesto delante de mis ojos otro sinónimo –siempre a mi parecer– y que se llama Fernando Roye. El caso de la mano perdida, guardia civil, años cincuenta, generalísimo…, y una mano.

La situación geográfica y el detalle temporal ya es para pararse a pensar. Pueblo andaluz situado en Sierra Morena y años cincuenta. Mi generación ha escuchado mucho sobre la época y en diferentes versiones. Sargento de la Benemérita que tiene ante sí dos problemas (sin contar que le llamen el hechizado por su heterocromía y que posea la peculiaridad de afrontar las cosas de maner diferente a los demás): una mano sin cuerpo y la visita del Jefe de Estado al pueblo. A partir de esta raíz, Fernando Roye va a desarrollar una trama simple –hay que investigar dónde está el cuerpo y de quién es esa mano– y la convertirá en algo más que una historia ficticia. Algo más que una historia porque tratará simplemente de sacar a la luz a los personajes. A medida que avanza la novela, conocemos a los protagonistas, a cada uno de ellos con su verdadera personalidad, y la visita de Franco no sirve más que para afianzar esa visión. Si Roye es original o no, depende de cada lector, pero sí ha sido un maestro en no dejar de lado la trama –nunca me cansaré de decir que trazar una trama simple es un trabajo árduo y costoso– mientras rociaba con su pizca de ironía cada una de las páginas.

Con El caso de la mano perdida, Fernando Roye transforma una novela de género en una novela noir con personalidad

Y es en los personajes donde quiero centrar este artículo. El sargento Carmelo Domínguez tiene sus peculiaridades. A parte de la heterocromía, ser padre de familia numerosa y fiel al significado de la palabra respeto, tiene una visión de los hechos y de su oficio un tanto peculiar. Pero de verdad. En El caso de la mano perdida encontramos todo un abanico de personalidades diferentes dentro del cuerpo de la Guardia Civil así como en los habitantes de Santa Honorata, sin desperdiciar los altos cargos en las fuerzas de seguridad o en las altas esferas de la sociedad de la época. Fernando Roye transforma así una novela de género en una novela noir con personalidad. La puntilla la pone el autor en los diálogos y en el lenguaje utilizado. Intentar convencer al lector de este siglo con lenguajes ideados en la época en la que transcurre la historia vuelve a ser uno de los obstáculos que un autor se encuentra. Cuando lees a Carmelo Domínguez hablar a su esposa, a su superior, o a sus subordinados, crees cada una de sus palabras. No porque la trama sea más o menos creíble –eso ya es tarea del lector– sino porque simplemente las crees. El modo en que incrusta un lenguaje sencillo en los diálogos hace que la tonalidad, la intención, sean propias de los personajes, y creen un ambiente de posguerra diferente, creíble.

No es necesario crear grandes maravillas literarias para tener cierta calidad. O bastante calidad. El caso de la mano perdida ofrece un nuevo sinónimo del buen hacer, donde la literatura adquiere personalidad propia, ofrece diversidad al lector a la hora de afrontar una nueva historia de un género cada vez menos diferenciado y con la que el autor, Fernando Roye, ha demostrado una pericia absoluta a la hora de hacer que esa diferenciación sea más evidente. Sinerrata ha hecho una magnífica labor, y Fernando Roye ha sabido disfrutar de su oportunidad, y compartir ese disfrute con los lectores. Gracias. En cantidad.

Rubén Soriano

MML

El caso de la mano perdida

Fernando Roye

Sinerrata ediciones.

Aquí podéis encontrar la ficha del libro

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