CZQra2tW0AIrl70We’re just two lost souls swimming in a fish bowl, year after year, running over the same old ground. (Pink Floyd, “Wish you were here”). Solo éramos dos almas perdidas que nadan en una pecera, año tras año, corriendo siempre por el mismo viejo camino. He elegido el tema de Pink Floyd para que sea el primer corte de este disco recopilatorio de grandes éxitos que es Rezos de vergüenza. Los que ya conocemos a Tiki, Mercado para algunos, nos acercaríamos al Roxette y cuando escucháramos a Gilmour recitando, sabríamos quién es Mercado en realidad, entenderíamos que aquello no significaría el recuerdo de Barret. Sería Tiki en esencia, su presencia. Josep Camps. Porque ya con estas palabras nos enfrentamos a un recuerdo, a un pasado que juega duro contra el presente, un dolor que persistirá mientras Tiki Mercado vuelva a encarrilar una investigación junto a sus compañeros, quizá aquellos a los que en silencio añoraba.

It’s nothin’ dangerous, I feel no pain, I’ve got to ch-ch-change (Ted Nugent, “Cat scratch fever”). La fuerza con la que presenta Camps a su protagonista conlleva una evolución a través de la investigación que se le avecina. Nada peligrosa, sin dolor, por un cambio. La vida no es como muchas veces uno se la plantea. Opus Dei, tráfico de drogas. Sigo pensando en Tiki. Esa evolución es el cambio, y como dice Nugent en los siguientes versos, Josep Camps muestra un personaje maduro, con dolor, pero quien le da otra oportunidad a la vida. But we never leave the past behind, we just accumulate, so sometimes when the music stops, I seem to hear a distant sound of waves and seagulls (Joe Jackson, “Home Town”). Tiki tampoco abandona el pasado. Sabe perfectamente que día a día acumula más en su mochila sobre la espalda. Y cuando la música para, no oye sonidos agradables, sino que el que fuera su hogar antaño, se hace presente. Una crudeza de la que Camps se hace valer para justificar una investigación que va más allá del cadáver. Es una investigación del propio personaje. Quizá ahora sí eche de menos a Barret.

Y cuando la música para, no oye sonidos agradables, sino que el que fuera su hogar antaño, se hace presente. Una crudeza de la que Camps se hace valer para justificar una investigación que va más allá del cadáver

Don’t you want somebody to love? Don’t you need somebody to love? Wouldn’t you love somebody to love? You better find somebody to love (Jefferson Airplane, “Somebody to love”). Pero Camps no solo madura la narración con personalidad denigrada por el pasado. Plantea algo que para muchos es equivalente, para otros es mero acompañamiento, o para otros, el complemento de la trinidad más que santa. El sexo, las drogas, Tiki Mercado es más que un detective que vuelve a la carga con los Mossos d’Esquadra. Sufrimiento personal, incapaz de plantearse una vida asentada y tranquila, da a Josep Camps un juego paralelo entre el bien y el mal, y que aprovechará para llevar la narración a derroteros internos del propio Mercado, haciendo partícipe al lector de ese reflejo cotidiano, del día a día: la propia mentira en la que vivimos conscientes, y de la que muchas veces nos cuesta salir.

IMG-20160114-WA0002This town rips the bones from your back, it’s a death trap, it’s a suicide rap. We gotta get out while we’re young ‘cause tramps like us, baby we were born to run (Bruce Sprinsting, “Born to run”). Esta ciudad te rompe los huesos de la espalda, es una trampa mortal, un acto suicida. Salgamos mientras seamos jóvenes, porque los vagabundos como nosotros, hemos nacido para correr. Posiblemente sea una de las letras que mejor enmarcan Rezos de vergüenza. No podía dejar de lado al Boss en este acto de rebeldía. Hablo de rebeldía porque en cierto modo Josep Camps presenta ciertos temas con diplomacia, con estilo, pero escondiendo en ellos ese atrevimiento de los espíritus jóvenes, a pesar de su posterior arrepentimiento. El Rock n’ Roll se equipara con la fuerza en la que Tiki Mercado destapa su personalidad, su modo de llevar a término sus propósitos, el entendimiento de las situaciones complicadas.

Una banda sonora que me ha servido de guiño para hablar de algo más que de una novela. Creo que Rezos de vergüenza ofrece algo más que una lectura agradable, algo más que una investigación policial. Si he querido ilustrar mis líneas con letras de la banda sonora de Rezos de vergüenza ha sido para demostrar que un trabajo bien hecho, a la literatura me remito, une artes, porque realmente el arte está dentro. Vivir una novela es complementarla con la esencia de uno mismo. Josep Camps lo ha hecho. No solo ha convertido mente en ficción, con trama de narcos, Obras religiosas y blanqueos de capital. Ha llevado un ser humano corriente, con problemas, a participar de la vida de cada uno de los lectores. Es lo que me gusta de Camps. Ya con Melodía quebrada intuí cierto carisma en la literatura de este autor catalán, simplemente por presentarme a un personaje de la calle. Un placer, Josep Camps, de los buenos. Espero poder ir alguna vez al Roxette y compartir buena música, una copa y más literatura de… la nuestra.

Rubén Soriano

MML

Rezos de vergüenza

Josep Camps

Editorial Alrevés

Ficha del libro en este enlace.

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