image_1165_1_58981Investigaciones policiales, muertos relacionados entre sí, terrorismo dudoso, un sinfín de elementos típicos canónicos del ahora extensísimo género negro pueden resultar casi esenciales a la hora de ofrecer un entretenimiento al lector de las novelas de temática policial. Solemos ver una y otra vez cómo, enroscando sus mentes y exprimiendo hasta la última gota de imaginación, los autores tratan de sorprender con sus plumas y con innovación – muchas veces frustrada – a aquellos que se pierden dentro de una literatura rápida, amena, ligera, pero que muchas veces se quedan a medio camino. Imaginemos por un momento que a todos estos ingredientes le sumamos la comedia. No en el sentido que todos conocemos, sino en el de la mezcla de ironía y naturalidad, en el de la legua suelta y rápida – en este caso, palabra. Y para completar y finalizar la receta, dejamos de lado el usual eje noir e introducimos un niño para que de alguna manera una todas las ideas. Claro que debemos alimentar a dicho personajillo, y las meriendas siempre han sido una buena opción. Quién le iba a decir al gran Andrea Camilleri que a su comisario le iba a salir un dolor de muelas. ¿O más bien una luz en el camino? De momento, un Ladrón de meriendas.

Empecemos siguiendo a un Montalbano al que se le cruzan en el camino dos crímenes, aparentemente sin conexión alguna y que, gracias a la aparición de una mujer y su hijo, acabarán siendo dos investigaciones cruzadas en las que el comisario descubrirá mucho más que el “mayordomo” de los casos. Es curioso cómo un individuo puede llegar a descubrir sus miedos simplemente por el hecho de utilizar su orgullo, su afán por el trabajo, y su dedicación a seguir fiel a sus principios. Camilleri saca su artillería pesada para combatir una trama simple, veloz, transformándola en una compleja red de sentimientos y moralidades que harán que el protagonista se plantee seriamente los aspectos más fundamentales de la propia personalidad.

Camilleri saca su artillería pesada para combatir una trama simple, veloz, transformándola en una compleja red de sentimientos y moralidades que harán que el protagonista se plantee seriamente los aspectos más fundamentales de la propia personalidad

Una personalidad que caracteriza elegantemente a un Salvo directo, sarcástico y burdo a veces. Una personalidad definida a través de unos diálogos cercanos, sin meras descripciones, y que transmite la información suficiente para averiguar a qué nivel la narrativa del autor se establecerá a la hora de confeccionar el resto del elenco en la novela. Un Catarella que es el complemento básico del comisario, y una Livia que encauzará las dudas que el propio protagonista utiliza como escudo. Pero si antes mencionábamos la figura de un querubín, esencial en la historia, no es más que la perfecta muestra de la inteligencia literaria del autor. No hay que rizar el rizo para llevar el género negro hacia la maestría literaria. No es necesario ser discípulo incorruptible del noir para demostrar que hay mucho más allá del canon. Camilleri une los puntos con un hilo joven, infantil, y resalta aspectos de la novela que rozan lo humano, la seriedad real de una vida, de ser como realmente se desea. La fuerza, la intensidad, todos estos aspectos que un lector espera, se transmite inconscientemente al descubrir que el ser humano debe tomar decisiones cruciales en la vida, como aceptar sin arrepentimientos el amor por un padre, aunque sea tarde, y duela.

Muchos pensarán que son obras fáciles, de lectura rápida, y más concretamente, lo pensarán de El ladrón de meriendas. No están faltos de razón, por supuesto, y la calidad literaria no es exclusiva de otros calificativos. Pero quizá leer más allá de la mera historia en el momento que se termina la novela es la causa de encontrar aspectos que alejan una obra de la generalidad. Estos detalles son los que definen las grandes obras. La grandeza del género negro se vislumbra cuando combinas género con talento. Andrea Camilleri puede sentirse orgulloso, mucho más que Salvo Montalbano después de haber resuelto el caso de El ladrón de meriendas.

Rubén Soriano

MML

El ladrón de meriendas

Andrea Camilleri

Salamandra (ver ficha del libro)

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Un comentario en “El ladrón de meriendas. Andrea Camilleri vs. Salvo Montalbano

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