9788493741310La naturaleza del ser humano siempre fue un tema bastante enigmático a los ojos de los entendidos. Las situaciones personales durante la infancia, una educación carente de valores, una variedad de casas de acogida donde lo que único que acogían era la tristeza, la soledad, la indiferencia y el odio a un sistema que les despreciaba, les marcaba como en los campos de concentración marcaban a los que miraban con otros ojos que no eran los suyos, siempre fueron circunstancias concluyentes en los manuales de aquellos que estaban capacitados para señalar. Pero en la vida, en el día a día de un delincuente consagrado, NO HAY BESTIA TAN FEROZ como la sed del desprecio por uno mismo, de la auto-indulgencia ante lo incorrecto, y la concepción del momento como algo inevitable, propio de uno mismo, incapaz de realizar cualquier acto que no justificara la vida entre barrotes de hierro y paseos en círculos en un suelo de hormigón bajo los pies. La desilusión ante una felicidad que abarcaba diferentes rasgos de la propia personalidad, distinta a la de aquellos que concebían una rutina plena a los ojos ajenos, la concepción del término familia, daba igual la raza, daba igual el tamaño, o la adicción a la droga que fuera. No hay duda que hubo quien lo vivió, lo sufrió, y lo escribió. Edward Bunker.

Quizá la soledad de un preso en una celda donde el movimiento era casi imposible fue lo que le llevó a Bunker a escribir semejante crueldad a modo de historia. Quizá la experiencia hizo que la perfección en la descripción monologuista del personaje Max Dembo se mostrara ante los ojos de quien sufre esa mentalidad autodestructiva. Sé que la redacción ensayista personal llegó mostrando la educación de un ladrón reiterativo en sus actos, pero un servidor no puede obviar parte del carácter biográfico de una bestia al que la vida le mira con indiferencia y quien desafía a la muerte porque no conoce otro camino de salvación. La huida, la adrenalina, aliadas en un viaje hacia un paraíso del que sólo se percibe una simple descripción: estar al otro lado de los barrotes.

“Un retorcido árbol de pensamientos que van más allá de la simple condena judicial, hasta llegar a la más complicada y mortal condena: no soy más que un delincuente, y la sociedad espera de mí que sea lo que soy”

Dejando para más tarde la terminología de género, la monstruosidad de la bestia se refleja en varios espejos sociales. Desde el agente de la condicional hasta la chica que busca acción en su vida porque sólo ha visto la monotonía y la ociosidad de un pueblo perdido de Kentucky, pasando por viejas amantes, no por edad, o por el único círculo de amigos posibles después de salir de la cárcel. Todos los elementos utilizados por el autor componen una red de tráfico de influencias nefastas para alguien que ha perdido la confianza en la sociedad, alguien a quien las únicas confidencias recordatorias de su condición han salido de cuatro paredes que le han condenado a una vida de delincuencia, porque no puede aspirar a más. Un retorcido árbol de pensamientos que van más allá de la simple condena judicial, hasta llegar a la más complicada y mortal condena: no soy más que un delincuente, y la sociedad espera de mí que sea lo que soy. Tristeza arraigada, soledad absoluta, desconfianza personal. ¿Puede haber una bestia más feroz?

Una base sólida en instrucción, lecturas devoradas en largos períodos de estancia horizontal se dejan ver en rasgos característicos de los diálogos. La lucha por pertenecer a un estrato de la sociedad al que no se pertenece, evitando la crueldad real que el tono de la novela emana, da muestras de una sórdida experiencia en cuestiones criminales. Bunker muestra una lucha por sobrevivir a un infierno del que el protagonista sabe que es inquilino, de por vida. Por mucho que batalle en la reconstrucción personal, el paralelismo con la adicción a la heroína de algunos personajes hace que el terror sea más intenso a lo largo de la narración. No hay una vida como las demás cuando siempre se ha sido diferente, cuando vivir al límite es el plato de comida que se sirve en la mesa. Esa maldita palabra, adicción. Esa bestia que ataca con ferocidad, y que solo se combate siendo uno mismo otra bestia.

“Mientras la necesidad de pasta no apriete, hay tiempo de montar otro golpe”. Considerar novela negra No hay bestia tan feroz, personalmente más oscura. Novela carcelaria, en esencia. Novela social, rotundamente. Edward Bunker muestra en su bestia la visión del otro lado, algo que la sociedad considera una lacra y que el autor no defiende, simplemente la narra. Detalles que realmente son considerados atrocidades sociales, el autor los muestra de una manera sórdida, porque existen, porque no se pueden esconder. La literatura nos da mucho más que sueños, mucho más que ideales utópicos, o distópicos. Muchas veces la literatura nos da grandes historias, grandes vivencias, por muy atroces que sean. Nos da grandes autores. Y en No hay bestia tan feroz tenemos la prueba.

Rubén Soriano

MML

No hay bestia tan feroz

Edward Bunker

Sajalín Editores

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