978841513012Siempre es grato descubrir nuevos talentos en el ámbito literario, síntoma de que la literatura sigue viva. Aunque más grato es que te descubran talentos que desconocías y cuya obra cada vez más está calando en los gustos lectores. Es el sentimiento que un servidor vio florecer en gran parte de los asistentes – y en un servidor, por supuesto – que ayer tarde acudimos a la charla sobre Penelope Fitzgerald, una escritora británica que, aunque apreciada en su labor, aún es bastante desconocida por gran parte de la comunidad lectora en este país. El escenario no podía ser más apropiado y acogedor. La Llibreria Ramón Llull y nuestra que9788415979968rida librera Almudena, a pesar de su nerviosismo infundado, – nota cómica del autor – nos acogieron en un ambiente de calidez narrativa y paz literaria, haciéndonos partícipes, junto a Enrique Redel (editor de Impedimenta, la editorial que se ha encargado de mostrar a los lectores la obra de esta gran autora), Pilar Adón (traductora y conocedora como nadie de la obra de Fitzgerald, como bien demostró) y Terence Dooley (yerno y albacea de la escritora), de un mundo que desconocíamos en gran parte y en el cual nos integramos desde la primera intervención.

Redel: “Se ha pretendido recuperar una voz heterodoxa, sin ninguna servidumbre. Penelope narra exactamente lo que se propone narrar, y de una manera completa, a lo largo de los años

Escuchar a Pilar Adón hablar de la obra de Fitzgerald es escuchar pasión por su obra. Su labor, en colaboración con Impedimenta, como afirmó Redel, es “recuperar una voz heterodoxa, sin ninguna servidumbre. Penelope narra exactamente lo que se propone narrar, y de una manera completa, a lo largo de los años“. Y es que a Fitzgerald se le consideró una “outsider”, quería “reflejar unos personajes totalmente machacados” en su obra, protagonistas de relaciones imposibles y lucha de clases, como en La puerta de los ángeles, a la que Redel calificó como una novela sobre “física cuántica, partículas en la nada que chocan entre sí, para después separarse“.

97884159791044La charla fue un paralelismo entre la vida y la obra de Penelope Fitzgerald. Terence Dooley adornó esa trayectoria profesional de la escritora británica con toques de ternura – también presente la hija de la autora – apreciando el prestigio que se le está dando a la obra de Fitzgerald, a pesar que ya se conocía su obra. Penelope empezó a publicar a los sesenta años, quizá, como afirmó Dooley,la tristeza de la temprana muerte de su marido la liberó para escribir sus novelas con toques autobiográficos“. Sus novelas son una cadena de acontecimientos paralelos a su vida, “guardaba las ideas y las retenía hasta el momento de plasmarlas años después en sus novelas“.

Adón, sobre La flor azul: “Se produce una conezión tan íntima entre el realismo y el misticismo que podríamos considerarla un milagro

La tarde discurría distendida, sumergiéndonos en el misticismo que la obra de una escritora como Fitzgerald puede provocar. Porque aunque el realismo sea el fuerte del estilo de la autora británica, le llegó el turno a La flor azul, donde la intensidad emocional literaria por parte de los poinocenciaPortadanentes aumentó de manera notoria. Adón ofreció una clase magistral del conocimiento profesional sobre la obra, estudiada metódicamente, donde reflejó un estilo sutil a la hora de caracterizar, comparándola con Austen, y llegando a un “pacto ficticio entre el realismo y una ficción mágica, creando una fusión casi imperceptible“. Considerando a La flor azul como “uno de esos pequeños milagros literarios“, fue uno de los momentos de la charla en los que se podía palpar la emoción que surge cuando se habla de buena literatura.

la-libreria-penelope-fitzgeraldLa tarde fue un viaje placentero a través de una escritora que “escribe de una manera salvaje“, pero que ha sabido plasmar aquello que debía, pensaba y necesitaba escribir. “Penelope siempre escribía sobre lo mismo, pero en cada novela lo hacía de una manera totalmente diferente“, afirma Redel casi al final de la velada. Un servidor podría completar esa sentencia. Después de la gran tarde de ayer, puedo sentenciar que a ninguno de los presentes, después de escuchar tres grandes voces, la literatura de Fitzgerald no nos dejó indiferentes. Y por ello, doy las gracias.

Rubén Soriano

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