9788446028352Hace muy pocos días, me encontré con una publicación en una famosa red social donde se anunciaba una especie de concurso, premio a saber, de una colección de títulos de novela negra. Sólo había que responder a una sencilla pregunta, o al menos, esa era la impresión que daba. ¿Qué tres características te gusta encontrar en una novela negra? Debes tenerlos bien puestos para responder a esa pregunta, creo yo, y si no, parad a pensar una buena contestación. Muchas veces, un asesinato con su investigación posterior es un tema demasiado trillado como para no exigir una excelencia narrativa. Y si hablamos de una trama psicológicamente destructiva, los personajes deben estar bien aferrados a los cimientos. Los personajes, bastante importante. Ya tenemos una parte de la respuesta. Me decantaría por la trama, nada explotada, a lo sumo poco, de manera original, dentro de un canon de mafia de tres al cuarto, protagonizada por ese personaje gañán que se cree que se las sabe todas. Ya tenemos dos. Y por último, vamos a por el poso, la solera. Esa moraleja con tintes de psicología urbana, toques de decadencia del amor propio, y cierto sabor amargo a cínica barbarie por la supervivencia personal. Hemos respondido a la pregunta. Bueno, más  o menos acabo de empezar a hablar de Jörg Fauser y El hombre de nieve.

Uno era lo único que podía ser, y lo hacía. y seguía siendo así. Quizá no siempre fuera una sensación agradable, pero era lo único que uno tenía y acababa aceptándolo“.

Traficantes hay de muchos tipos y géneros: los hay listos, astutos, torpes, de ego subido, el especialista, el que se cree el dueño del universo, el barriobajero, el de poca monta… y finalmente el tipo “Blum”. Este último resulta gracioso y penoso al mismo tiempo. Imaginad un individuo que da el cante allá donde va, que ha traficado con toda clase de productos absurdos, y que termina trapicheando con revistas pornográficas danesas antiguas, de aquellos maravillosos años sesenta. El traficante tipo “Blum” reúne todas las características que hemos mencionado antes, pero con énfasis en las que están por debajo de la media. Sobre todo, el de torpe y de poca monta. Lo absurdo de sus productos se convierte en absurdo de su destino: le roban la mercancía, la persigue hasta Alemania, – en Malta ya había dado la nota en demasía – y se encuentra con dos kilos y medio de cocaína peruana, pura a más no poder. Golpe de suerte. Delirium tremens para colocar la mercancía. El que nace Blum, Blum se queda, aunque recorra media Europa para conseguir una gran suma de dinero haciendo lo que no sabe hacer.

Posiblemente El hombre de nieve sea una carrera de fondo en la que hay un personaje por perfilar, paso a paso, hasta que el mismo lector da con la identificación de un hombre al que le da miedo afrontar su propia vida. Errante en sus propósitos, Blum se siente una y otra vez derrotado por un sentimiento de frustración ante su amor propio, el cual le lleva a fracasar en todo aquello que se propone. Consciente de su problema, la lucha constante por no caer en la decadencia personal le empuja a comportarse de una forma desordenada ante la situación que está viviendo. Fauser ofrece una caracterización perfecta del fracasado, con aires de superioridad incrédula, víctima del síndrome de la conspiración, y que solo sabe vivir en antros de mala muerte, porque cree que su vida no vale mucho más que burdeles low-cost y pensiones mugrientas. Castillos en el aire por un lado, una supremacía autoimpuesta por considerarse magnate del tráfico blanco es el resultado de ese desprecio por su persona y que le lleva a despreciar todo aquello que se le pone delante. Incluso el amor. Una femme fatale de baja graduación, la cual borda su papel y que se mueve sobre la fina línea del embaucamiento y el amor sincero, descolocando al gran gurú de los peruvian flakes, y que le hunde más si cabe en el infierno que es su vida.

Una sociedad de un solo miembro

Lección de desconfianza, El hombre de nieve refleja un mundo turbio de desavenencias personales dentro de la irónica master class que es la vida. Una oscuridad que se refleja en la soledad de un personaje con visiones de futuro en una isla caribeña disfrutando de una relajada vida, y que en su más sincera conciencia reside la certeza de que nunca será posible. Porque él no puede llegar a conseguir ese sueño. Una ironía reflejada en cada uno de los diálogos con sus conspiradores, compradores en potencia al principio, astutos aprovechados más tarde, y perseguidores mafiosos y policías al final, destruyen la poco estable psicología de un protagonista que se encuentra con el pasado una y otra vez, y que alimentan la locura que ahonda más y más en su declive.

Bajo la influencia de la Generación beat, Jörg Fauser describe el género a la perfección en El hombre de nieve. Si consideramos que el término beat entre la comunidad afroamericana significaba, cansado, abatido, este autor alemán ha querido rendir homenaje al género a la manera germana. Sensación de agotamiento por una vida que se cree que uno merece, cayendo más bajo aún si cabe, luchando contra el sarcasmo de la vida y viviendo a contrarreloj para sobrevivir, dejando escapar una oportunidad de amar realmente, Fauser escribe la que ha sido considerada la mejor novela negra de la literatura alemana, dejando en el lector un amargo sabor de boca, no por la calidad, sublime a mi percepción, sino por una vida maltrecha, irónica, inconsciente a la par que consciente, y por supuesto, negra.

Rubén Soriano

MML

El hombre de nieve

Jörg Fauser

Akal – Básica de bolsillo.

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