1280-almas1Vamos a empezar por sentarnos, centrarnos en un punto fijo dentro de la conciencia literaria, tomamos aire, cerramos los ojos, escupimos un poco de tabaco mascado, soltamos cuatro improperios dignos del más arrastrado de los hombres, y entonces volvemos a la realidad. Lo tengo que confesar. He navegado por los mares virtuales para leer suposiciones sobre el querido Nick Corey y su paso por la literatura del hard-boiled de las tierras del sur. ¿Porque no creía lo vivido durante toda la narración? Posiblemente porque el señor Thompson ha ido más allá de lo que mi mente y mi maltrecho cuerpo puede aguantar a estas horas de la mañana. Martes, a media hora del mediodía, con un calor sofocante, y con 1280 almas que me susurran indecencias tan sobrecogedoras como tentadoras. Y es que se ha dicho mucho sobre esta obra más que maestrísima – y lo siento, muerdo después de terminar su lectura – y yo no quiero ser menos. Porque ahora mismo me siento sheriff de mi county particular, … y vienen elecciones.

Sí, señoras y señores del universo lector. Partiendo de una base argumental bastante deficiente a simple vista, Jim Thompson demuestra que el título de “uno de los padres del hard-boiled” no le viene grande, más bien al contrario, y lo hace con un humor negro – para algunos de cortas pinceladas – digno posiblemente de crítica por parte de los extremos más o menos radicales de la sociedad de la época. Comprensible pues si englobamos toda la novela en una única, o por lo menos sobresaliente, finalidad. El ser humano es despreciable, lo mires por donde lo mires, hasta el punto que quien más tiene que callar, más habla y más calla para que no se hable de lo que no se está permitido hablar. Parece un rompecabezas pero describe, creo, a la perfección el mundo vivido en un pueblo imaginario del sur de los Estados Unidos, donde la ley tiene nombre propio y los nombres propios tienen sus propias leyes.

Todas las almas van unidas de un modo u otro. La coralidad Thompsoniana en esta obra sobresale por la unidad altiva de todos sus personajes. Bien es cierto que Nick Corey lleva la batuta en esta sinfonía, no hay que desprestigiar el paralelismo conductual de todos los habitantes de Potts County y de los condados de alrededor. Thompson aduce a una general hipocresía egocentrista allá donde el ojo del lector coloca el enfoque, y aunque presente un malvivir de la gente mostrando su agonía por la vida impuesta e insatisfecha, también induce al interés personalizado por conseguir algo más que un nivel más alto. Pero lo más radiante es la maestría con la que la múltiple personalidad del personaje principal se nos presenta según la línea argumental avanza. Me viene a la mente un adjetivo que hoy en día aún persiste para calificarnos a los lugareños de mi tierra, y que perfectamente definiría a un primer Corey, pusilánime despreocupado, que lo único que le importa es comer, dormir, y tirarse a toda mujer habida en unas millas a la redonda. Pero, ¿prima más ese aspecto en el sheriff, o es un instigador, un manipulador, un inteligente político, o un psicópata acomodado sin escrúpulos? Podemos pensar que todas esas características del propio Nick es el arma que Thompson ha sabido usar elegantemente para proyectar en cada uno de los personajes de 1280 almas un ambiente de manipulación interesada para conseguir los propósitos personales.

Toda manipulación para esconder la verdadera finalidad conlleva llegar a cubrirse de “mierda”. Exacto, vocabulario preciso, directo y sin rodeos. Por la espalda, todos los chismes, los encubrimientos, las maquinaciones que puedan aparecer en las escasas doscientas páginas. La lengua, viperina pre-acusadora, asesina post-presencia. Y es que Jim Thompson no escatima en palabras propias de la personalidad más baja que un ser humano pueda poseer. Claro, humor negro, diálogos inteligentes. Ha habido algo referente a este asunto que me ha fascinado. Los diálogos son más que inteligentes, pero la capacidad que el autor demuestra en llevarlos a la naturalidad es escalofriante. Posiblemente es lo que más asusta de esta ficción. Todos hemos vivido – y vamos a seguir el ejemplo de 1280 almas, no vayamos a echarnos para atrás – situaciones donde hemos descubierto engaños, manipulaciones, falsas apariencias, y rumores asignados sin valor alguno. Y todos hemos vivido a su vez las expresiones, actos, y barbaridades verbales consecuentes. ¿Hace un siglo? Modernicemos un poco la lectura, y nos paramos a pensar. Es “acojonante” como uno llega a involucrarse en la vida de estas almas, aunque no mate, pero,… ¡ay, pillín! Qué astuta es la mente humana… o la de Nick Corey.

Digamos pues que Jim Thompson ha escrito 1280 almas como consecuencia de ser uno de los precursores del género del hard-boiled. Pero me gustaría más afirmar que el maestro Thompson ha escrito 1280 almas porque creía necesario contar cómo es un ser humano. La época quizá echaba hacia atrás, pero, – y todo esto sin saber de su vida la mitad – ¿no acaso el ser humano ha sido siempre mezquino, manipulador, chismoso, entre otras cosas? También puede ser buena persona, no está reñido. ¿No? Una elegante ficción aunque cuando se termina de leer, quedan dos cosas: mal cuerpo y pleno placer. Todos somos héroes, o anti-héroes, según cada uno. Thompson eligió ser uno de los más grandes. Habría que preguntarle qué.

Rubén Soriano

MML

1280 almas.

Jim Thompson

RBA Serie Negra

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