la-noche-a-traves-el-espejo-9788415973225Ayer mismo, entre dos cervezas, hicieron una observación sobre mí y sobre mi locura lectora que me dejó tan complacido como ojiplático. Es lo bueno de sentir de vez en cuando la bruma de los grados líquidos en tu mente, que disimulas hasta cierto punto la sorpresa de sentirte descubierto. “No tienes prejuicios a la hora de elegir un registro literario, incluso dentro del mismo género,” dijo. Ni al pelo, vamos. Y más después de dejarme caer en los brazos de la loca realidad – o la realidad loca – de una literatura que, vaya usted a saber, teniendo prejuicios, su lectura te hunde en la miseria. Hubiera sido un placer tomarme un trago de whisky, – güisqui para los amigos – con el señor Fredric Brown. No soy malabarista del trago como su amigo Smitty, – sí, ese hombrecillo que no está ahí, o quizá lo está sin estarlo – pero sí acabo siendo resultón. En esa conversación con mi querido Brown posiblemente solo hablarían las miradas, o la mente, o la locura, o la realidad que parece ser pero que no es y al final resulta ser. Seguramente colocaría un espejo encima de la mesa entre él y yo. Hablaríamos de la vida, de su realidad, de la mía, de cómo la ve él, de cómo la veo yo. Y el espejo hablaría. Muy bien, puede ser. Posiblemente ahora mismo estéis pensado que se me ha ido un poco la cabeza de lado, mis neuronas están de botellón, o algo más duro. Las consecuencias de La noche a través del espejo. Y es que la vida es eso, ¿no? Un sueño visto a través de nuestro espejo, aunque los sueños puedan convertirse en realidad.

Doc Stoeger, el editor de un semanario local en el pueblo de Carmel, sueña con poder publicar por una vez en veintitrés años una noticia en exclusiva. Una noticia con carácter. En solo una noche, Doc vivirá las situaciones más surrealistas que hubiera podido imaginar nunca, propias de un sueño alocado. A partir de esta argumentación, Fredric Brown convierte una novela digna del hard-boiled en una obra literaria más allá de cualquier género. Y corroboro la afirmación añadiendo que una de las razones es su manera de jugar con la lógica, mostrando una realidad que supera el surrealismo ficticio, y la ausencia de prejuicios adquiridos por su personaje. Un contraste cum laude entre el ritmo frenético que Brown inyecta en la acción y la insultante y exasperante tranquilidad que muestra Doc ante los hechos que le están ocurriendo. Simplemente una buena botella de whisky, y a tomarse la realidad que viene, con calma. Siempre y cuando no aparezca el hombrecillo que nunca estuvo allí. Bueno, eso vendrá después, no nos precipitemos. Brown narra la noche de autos como si de una dream vision se tratara, siguiendo el esquema tipificado en los cánones universales del sueño, pero con cierto punto irónico ya que es necesario que la locura y la ironía vayan cogidas de la mano. El surrealismo es fácil de ver, pero no de entender. Y más si eres tú el protagonista. Lo que va a ser una noche tranquila, se convierte en una desesperación ilógica, donde Doc (más bien Brown) se aleja del mundo de Carmel y empieza a vivir al otro lado del espejo. Con revólveres, atracos, asesinatos, envidias, corrupción, y exclusivas por doquier. Ale, de un trago. Dile a Smiley que saque otra botella.

jabberwock portadaLa comparación no es más que un resalte de la influencia de Brown por el creador de Alicia en el país de las Maravillas y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. Entramos en materia dura, “abollada” en términos Cosecheros. Admirador de Carroll y su obra, Brown plasma en su estructura de La noche a través del espejo, con total relevancia el mismo sistema estructural del país de las maravillas y del otro lado del espejo, un mundo donde nada es lo que parece, las cosas funcionan al revés, y donde hay que ver el reflejo mismo de la historia para encontrar un hilo de cordura en la trama. No es de extrañar pues, que Brown utilice fragmentos del Jabberwocky de A través del espejo al inicio de cada capítulo. Pero el ejemplo más claro, el propio Doc. Que alguien levante la mano, o pulse el teclado, sí, aquel que tenga noción de la existencia de un periodista sediento de exclusiva que, al tener varias bombas publicables, mire por la integridad ajena antes de llevarse el gato al agua, con la consecuencia de la no-publicación. Exacto. Doc. Una referencia a la mentalidad humana como lo es Alicia en las obras de Carroll, donde la inexistencia de prejucios personales o ajenos, llevan a comprender mejor una realidad confusa, ilógica. La excelencia narrativa de Fredric Brown lleva al lector más allá de una simple novela negra, viviendo la fantasía y la ficción de un mundo irreal visto con los ojos de la realidad y en la que poco a poco el lector puede ir descifrando el significado de ese “Galimatazo” que es la locura, al igual que el hombre que nunca estuvo allí, cual Humpty-Dumpty, (¿o más bien la liebre de marzo?) le muestra al protagonista las pistas para resolver su caos. Yehudi Smith, ese hombrecillo, ese fantasma referente al poema de Hughes Mearns de título Antigonish, inspirador al igual que M. Cain incluso de los hermanos Cohen en una de sus películas, lleva al protagonista al delirium tremens, al caos provocado nada más y nada menos por otro de sus más íntimos fantasmas, el alcoholismo. Brown cuida todos los detalles en su literatura, trabajando como pocos la intelectualidad en el género de la época, populista en origen, y no hace más que incluir una irónica visión de qué es en verdad nuestra realidad, como al final lo ve Alicia.

Noche05Supongo que otro whisky no vendría mal. La locura está controlada a este lado del espejo. Y Brown, por si quedábamos sedientos, aumenta la pesadilla con secuestro, crímen, y robo. ¿Hay exclusiva? Con Fredric Brown nunca se sabe. Todo depende del lado del espejo por el que mires su novela. La noche a través del espejo invita a despertar de un sueño, pero también te ensueña en una realidad donde todo es normal y anormal a la vez. Qué irónico, ¿verdad? Ya lo decía Smiley, sonriendo, pero sin humor. Seguro que era de Chesire. Estamos todos locos. Todo depende de la locura que te lleve a actuar según tu realidad. Ese es Fredric Brown, un autor conocido por su ciencia ficción, pero al que hay que tildar de uno de los integrantes del Olimpo hard-boilediano, y uno de los perfectos diseñadores de la negra. La noche a través del espejo lo demuestra, con la capacidad de integrar todos los elementos básicos del género negro dentro de otro de los pilares, dentro de un miedo primordial, el delirio alcohólico y la locura irreal. Todo en una noche, todo en una especie de sueño. O todo en una irrealidad real.

Posiblemente ahora si que me ladea la cabeza un poco. La noche a través del espejo quizá sea el delito más grave, permitidme que referencie, del que puedo ser acusado “abolladamente”. Aunque no os penséis que llegará a mayores. Solo nos volveremos a sentar, el señor Brown y un servidor, volveremos a hablar, whisky en mano. Ya veis, la locura tiene esas cosas. Pero por si acaso, siempre tendré a mano La noche a través del espejo.

Rubén Soriano

MML

La noche a través del espejo.

Fredric Brown.

Editorial Reino de Cordelia.

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