15736gEstá claro que cuando cae en nuestras manos una novela de género policial, nuestra mente se llena de imágenes de archivos criminales, personajes investigando pruebas físicas en las escenas de los crímenes, incluso del típico policía egocéntrico más experto que nadie y a la vez más absurdo, sin olvidar la intriga y el suspense que hace apostar al lector por quién va a ser verdaderamente el asesino. Pero si de algo me he dado cuenta es que la gran mayoría de veces dejamos en un apenas perceptible plano los trasfondos que todos esos tópicos llevan de la mano en el transcurso de la trama. Pocas veces pensamos en la vida misma de ese policía protagonista, el por qué de sus actos, o las complicaciones trasladadas desde la realidad a la ficción de una sociedad actual con sus prejuicios y traumas. Unos argumentos que tienen mucho que ver con la personalidad propia, unas decisiones implícitamente inconscientes, o el mero hecho de recodar una infancia que no se tuvo, han llevado a Pere Cervantes a ayudarnos a ser conscientes de que muchas veces No nos dejan ser niños, y que ello puede ser un trauma bastante peligroso. Un trauma de 300 páginas. En otras palabras, una novela policíaca con mucho fondo.

Hace muy pocos días pude escuchar de viva voz al autor explicando brevemente la novela. El hecho de que la protagonista sea una mujer, policía, madre, trabajadora sin horario, con un marido que está sin estar – “enmadrao” para más inri – y encima con una suegra como principal agonía, ya era un aliciente para que No nos dejan ser niños cayera en mis manos, más por curiosidad que por otro motivo. Novela policíaca y de esa guisa, podía prometer.

Un lenguaje muy sencillo, sin tecnicismos, y un ritmo mucho más que rápido, son unas armas básicas que Pere Cervantes no duda en utilizar para que la obra penetre mucho más allá de los ojos lectores, incluyendo la rabia, el odio, la maldad, y el rencor así como los recuerdos y momentos felices como especias en un aliño agridulce que provoca el amor y el odio a los distintos personajes. Pere Cervantes juega con el tono a lo largo de toda la novela, mezclando el sarcasmo racional, la inteligencia en los diálogos personales, y la intrigante tensión en el desarrollo de la trama, y procurando un contínuo interés por parte del lector. Presenta unos personajes cotidianos, la sencillez es uno de los rasgos más espectaculares de No nos dejan ser niños, directo aguijón para formar parte de la novela, y así, encontrar el fondo. Un fondo que no deja lugar a la pasividad emocional.

Pero. Sí, hay un “pero”. Todo esto del ritmo, el tono, la sencillez, los protagonistas, está muy bien. Lo sorprendente de No nos dejan ser niños es el camino que toma Pere Cervantes a la hora de enfocar el tema. La psicopatía como daño colateral, no como profundo y principal motivo de investigación policial. El autor ofrece sin tapujos una batalla personal de la protagonista, María, donde su propia personalidad está a punto de ser anulada por ella misma. Obcecada con su trabajo, traslada a su vida cualquier aspecto que le haga sentir frágil, sin ver más allá de la única posible conclusión que ella misma se plantea. El pasado como futuro que le anula su presente, desconfianza en ella misma, la protagonista lucha por sobrevivir a la angustia de no saber quién es, su punto de partida o su línea de llegada; “-Que la vida se ha cansado de esperarme y acaba de decidir por mí“. No nos dejan ser niños va mas allá de una infancia robada, una madurez obligada antes de tiempo, como cantaba Raphael. El comportamiento del ser humano ante un trauma inculcado, la manipulación no siempre concebida como algo negativo, y las verdades ocultas para obligar a alguien a ser feliz (como ocultar una enfermedad degenerativa) son, junto al descubrimiento de la personalidad, las verdaderas estrellas de la novela. Ese es el “pero” de No nos dejan ser niños. Es el “pero” necesario.

La novela policíaca no siempre lleva un todo explícito con variables. Pere Cervantes demuestra con creces que la psicopatía como tema argumental puede ser un elemento más dentro de algo mucho más complejo. Es curioso, complejidad temática y sencillez estilística. No nos dejan ser niños porque a veces, no vemos la sencillez que implica serlo, ni nos preocupamos en conocer lo complejo que puede llegar a ser.

Posiblemente vuelva a leerla. Siempre es bueno disfrutar dos veces.

Rubén Soriano

MML

No nos dejan ser niños

Pere Cervantes

Ediciones B

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