el-salario-del-miedoVoy a escribirlo con todas y cada una de las letras, a riesgo consciente de resultar burdo, más bajero que barrio, vulgar y muchos calificativos más. Literatura “acojonante”. Sólo una norma, y es asumir la semántica del adjetivo de la manera más literal posible. Eso es, miedo. Una literatura que estremece a cada palabra, a cada imagen, una literatura que provoca el sudor frío del desconcierto, de lo desconocido, de la huida frustrada. No por ello hablamos de la literatura de terror. Hablamos de la literatura que hace que te olvides de tu nombre, de la que da igual que te llames Gérard, Bimba, Hans, Luigi o Johnny, porque sientes el escalofrío cada vez que vuelves la página, que saltas cada vez que la oscuridad narrada te envuelve en la lectura, y que sabes que no vas a escapar de ese laberinto que es la pesadilla que estás viviendo por mucho que te acuerdes de esa madre del que te ha embaucado para que sepas lo que es temer. Luchas por salir del pozo, que pagarías una fortuna por terminar, sea vivo o muerto. Vale esa fortuna, piensas. Tu salario. El salario del miedo. Alguien me dijo una vez, cuando tuve el libro en mis manos: “El salario del miedo… uhmm… ¡Te vas a cagar!” Bueno, ha estado cerca. Geroges Arnaud es el responsable. Quizá este tono esté más allá de lo políticamente correcto, pero no hay otro.

“Entonces, ¿de qué color es el miedo? Seguro que no es azul. ¿Blanco? ¿Gris? ¿Una mezcla de rosa y verde? El miedo es un líquido incoloro, inodoro e insípido”.

Dentro del género negro podemos encontrar todo un abanico de recursos, desde el asesinato, la investigación policial (para mí, dentro de la novela policíaca), la psicopatía, la corrupción, la destrucción personal, o la cruda realidad social. Todo ello envuelto en la más pura degradación y en el ambiente más oscuro posible. Quizá el miedo como base sustancial en una novela negra sea más inusual. Georges Arnaud basa El salario del miedo en esa característica única y exclusivamente. A partir del miedo, todo lo demás son, por decirlo alguna manera, daños colaterales de la historia. Un viaje más que peligroso, transportando toneladas de Nitroglicerina en sendos camiones por carreteras llenas de obstáculos, baches, bajo unas temperaturas propias del mismo infierno, y como única solución al incendio de un pozo petrolífero en Guatemala. Al mínimo descuido, salta todo por los aires. Y un precio, un salario elevado, eso sí. Un seguro de vida, o de muerte, según con los ojos y la desesperación que se mire.

“El miedo. Está ahí, sólido, presente y estúpido, no hay manera de escapar. Fuego en el culo, y no poder correr. Solo que el miedo se puede rechazar; una carta de recomendación del Diablo, y se rechaza”.

Presenciamos una novela ruda, brutal, rápida. Arnaud solo tiene una salida, y es utilizar el tono más cruel y devastador desde el inicio, con una intensidad rítmica que hace de la taquicardia lectora una bomba de relojería. La nitroglicerina te la inyecta en vena, con una violencia masiva tanto en vocabulario como en imágenes. Pero todo tiene su razón de ser. La intención de plasmar la desesperación y la muerte como punto de referencia del miedo, lleva a introducir en la narración la faceta más animal del hombre. Arnaud pinta al macho, a la fuerza viril como una reacción al temor a no ser, a perder, a sufrir. Reacción al miedo de no conseguir ese salario tan sustancioso, que eliminará cualquier rasgo de frustración, misera, degeneración, y destrucción personal. La brutalidad verbal por bandera, los comportamientos que desbordan la valentía para adentrarse en la locura de los personajes, la degradación alcohólica, y la lucha por sobrevivir sin sentir nada, acompañan al lector hasta el punto de no saber si la vida es capaz de jugarte esa mala pasada, si realmente eres un cobarde por no llorar ante la muerte, o la muerte es tu compañera de viaje y te impulsa a actuar de la manera más primitiva y cruel, dispuesto incluso a pisar a un compañero para no morir, para dejar de sentir ese miedo aterrador. Es cierto, eres tú el que vive esa historia. Es el lector el que está realmente acojonado.

El salario del miedo no invita a leer. Secuestra la ansiedad y pide como rescate el intenso sentir del lector, sin miramientos, pide todas las sensaciones posibles para poder liberar al rehén. Posiblemente nunca había leído algo tan negro. Quizá todo a mi alrededor se volvió oscuro, como la noche. La única luz, la de la lamparita de lectura, que me pareció en más de una ocasión la llama de ese pozo petrolífero, que ardía quemándome totalmente por dentro. Georges Arnaud transmite todo. El salario del miedo es, como en la frase que da comienzo esta pseudo-reseña, una literatura acojonante. Bueno, ahora ya no con el sentido tan literal. Más como exaltación de algo grande.

Rubén Soriano

MML

El salario del miedo.

Georges Arnaud.

Contraseña Editorial.

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