pc3a1nico-al-amanecer-portadaEl deshaucio de la mente humana ha sido, siempre, un camino apenas con posibilidad de retorno hacia la destrucción moral y personal del ser humano. La cuestión, más que el problema, es dilucidar el motivo que lleva al acto en sí mismo. Ni pretende ser psicología, ni osa entrar en un campo tan extenso como es el estudio de la mente. Estas líneas solo cumplen la función de plasmar la visión literaria de una destrucción anímica a base de hechos encadenados, de una coherencia fatídica en el espacio-tiempo de la mente humana, que conlleva una desesperación autoinflingida, capaz de alimentar un miedo consciente por despertar en el más oscuro de los abismos personales. Un Pánico al amanecer en un infierno donde las llamas se convierten en jarras de cervezas y el humo, en juego de apuestas. Kenneth Cook como camarero detrás de la barra del género negro.

La sofocante sequedad del desierto Australiano y la generosidad alcohólica de su gente, serán el punto de inicio del que Kenneth Cook hará uso para que John Grant, un maestro de un pueblo de la Australia interior, decida cambiar su destino y comience el angustioso viaje hacia la decadencia más enfermiza y delirante a la que se enfrentará jamás. De unas merecidas vacaciones en lo que para el protagonista pueda llegar a ser el Paraíso, (Sydney), a encarcelarse la primera noche en una ciudad, Bundanyabba, debido al juego y la cerveza, durante cinco días. Cinco jornadas narradas en una corta extensión que arrastran al lector rápidamente a la desgracia de Grant, sintiendo que es uno mismo el que está comportándose de manera irracional en la historia. Un reto al destino, sin sentido alguno, sin motivo, conllevará una reacción en cadena de hechos que destrozarán cada vez más la entereza, la responsabilidad, la estabilidad emocional, la persona, y dejarán paso a la humillación, el hastío, el asco por uno mismo. Un lenguaje rápido, sencillo, claro, con connotaciones de desequilibrio emocional, y un tono de fracaso personal y de arrepentimiento consciente pero involuntario, envolverán toda la historia, dándole el matiz degradante de la debilidad.

La claridad temática discurre paralelamente durante toda la narración a la de las imágenes que Cook plasma en Pánico al amanecer. Basándose en una sociedad donde es casi una ofensa no acompañar en el festival alcohólico, en la sofocante vida de hastío en el interior Australiano, y en la violencia descompasada de la actitud de los habitantes, el autor profundiza en la psicología humana describiendo un mundo donde los seres humanos son capaces de adentrarse en un pozo sin fondo sin motivo alguno, y sin esfuerzo por su parte por buscar una alternativa. Todo el mundo es feliz en Yabba, la mejor ciudad que existe, donde se puede beber sin tener dinero, vivir en la humillación de arrastrarse día a día, y donde el sufrimiento, aunque sea el de los canguros, es algo normal, aunque se vaya dejando rastro, sea de entrañas o de cabezas. Una simple apuesta. Sin más. Nadie quiere marcharse de Yabba. O no es tan fácil marcharse de Yabba.

Es un camino con apenas posibilidad de retorno. Pero bastan dos destellos de luz en ese abismo de dolorosa resaca para que el miedo humano, el Pánico al amanecer se convierta en un terror inmenso a la muerte. Cook no deja ningún cabo suelto en la variedad de imágenes de su literatura. Basta llegar al fondo del abismo para que el miedo se apiade del ser humano. El vocabulario claro y brusco, el tono de angustia y desesperación, la árida escenificación, casi infernal en su totalidad, el ambiente plasmado en todos los pasajes, el calor sofocante y seco que emana cada una de sus páginas hacen delirar al lector y sentir a Grant en su batalla incesante por descubrir qué es la vida. Kenneth Cook traslada la desesperante trasformación del ser humano en humillante desecho moral a cada uno de los lectores. Nos traslada el Pánico al amanecer.

Rubén Soriano

MML

Pánico al amanecer.

Kenneth Cook.

Editorial Seix Barral

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