cover1Sigo pensando, mientras continúo mi andadura por el mundo de las reseñas, si las palabras que utilizo en mis escritos plasman verdaderamente todo aquello que siento leyendo cada uno de los libros que cito. Es verdad, no siempre me asaltan esas dudas pero este es uno de los casos en los que no sé cómo explicarme, ni cómo empezar, ni qué resaltar, y más aún, no sé si aún estoy metido dentro de la piel de Carlos, el protagonista de Desde el infierno. Aún hay dos preguntas que siguen rebotando por las paredes de mi bien resguardado cerebro y a las que por mucho que intento darles caza, sus respuestas resultan ser un misterio. ¿Qué? y ¿Por qué? Supongo que el señor Enrique Laso, cuando lea esto va a sonreir como quien tiene la solución a un dolor de cabeza en forma de pastillitas efervescentes y no las quiere ofrecer. Mejor así, está en todo su derecho y se lo ha ganado a pulso escribiendo tan excelente thriller de terror psicológico como es Desde el infierno.

En el título de esta reseña me refiero a la novela como “elegante”, dentro del género. Es el adjetivo calificativo que he supuesto más coherente para calificar esta novela. Y me váis a permitir que esta reseña sea un tanto especial, pues me gustaría desarrollar el significado de elegancia en términos específicos desde diversos puntos de vista. Creo que mi recomendación en este caso va a resultar un tanto diferente, y quizá se deba a que la lectura de Desde el infierno me ha provocado algún que otro trastorno critico-literario.

Una argumentación y un estilo apto para todos los públicos (abstenerse los “sangre-helada”).

Laso ha querido llegar al lector, y ha demostrado que sabía lo que quería. El argumento de Desde el infierno dista mucho de las complicadas tramas que hacen que te vuelvas loco siguiendo el hilo de la narración y que cada dos páginas tengas que releer tres párrafos para poder situarte en escena. Carlos ha perdido a su mujer y a su hija en un accidente de tráfico. Se da cuenta que había pasado poco tiempo con su hija y quiere saber cómo era, en el colegio, con sus amigos, en casa. Empieza a preguntar y a averiguar, y descubre un lado oscuro y sobrenatural que su hija mantenía oculto a medias. Acabo de resumir el argumento en tres líneas. Ahora bien, la elegancia argumental viene dada por la maestría del señor Laso a mantener en vilo al lector desde la primera página hasta la última con ese sencillo argumento. Y digo hasta la última (y ya sabe cómo me sentí al final, señor Laso, con todo mi cariño) porque no solo mantiene ese vilo, sino que lo aumenta a cada palabra. Nunca había podido imaginar un hilo argumental tan sencillo y tan bien elaborado. Por mi experiencia lectora, pocas veces un autor ha sabido sacarle tanto jugo a una argumentación tan plana, carente de extremismos piramidales en personajes ni en hechos, así como de vueltas de tuerca en la trama. Pero esta argumentación viene de la mano de un estilo al mismo nivel. Y Laso aprovecha muy bien la sociedad estilístico-argumental de Desde el infierno para llegar a cualquier tipo de lector. Un lenguaje cotidiano, sin palabras rebuscadas, ni locuciones ni cultismos, un idioma que todos entendemos y que tan complicado es, la gran mayoria de las veces, plasmar sobre un papel en blanco. Mucho más sencillo de leer, mucho más sencillo de entender. Por lo tanto, mucho más sencillo de vivirlo. ¡Y de qué manera!

Elige tu personaje, y vive tu propio infierno.

Los personajes, esos individuos que habitan en el mundo de los libros y que son la esencia de la trama. Sí, también hay, por supuesto. Pero cosa curiosa, y que me ha llamado la atención, todos los personajes en Desde el infierno tienen su momento de gloria. Me explico. El personaje principal es Carlos, y en su viaje infernal siempre tiene a su lado a un compañero de andanzas. Y el motivo, a mi entender, es que el autor hace un recorrido por el infierno desde distintos puntos de vista, como si diversas sendas condujeran a una vía principal que desemboca en la desesperación, el miedo, el horror, la incredulidad. Sí, estoy describiendo Desde el infierno, esa es la clave. Laso no solo consigue que el lector no pierda ni una sola gota de la esencia de su obra, sino que sin enmarrañar las relaciones de los personajes, creando personas cotidianas con vidas cotidianas, profundiza en esa esencia y obliga al lector a disfrutar de todos los aspectos de la historia, desde cualquier ángulo, y hace realidad el deseo de los lectores de vivir completa y realmente en sus mentes el infierno. Sin florituras, sin escarceos literarios, sin rodeos. Desde el infierno.

Una recomendación infernal.

Ha sido sorprendente, realmente, la lectura de Desde el infierno. El final, sobre todo. Te das cuenta, si ya has leído la última página, que has compartido el viaje del protagonista desde el inicio, y que consigues entender y vivir en la piel de cada uno de los personajes sin dejar de darle vueltas a la cabeza a la cuestión de si el infierno está tan cerca de nosotros como sinceramente se vive en la obra. Un viaje a lo desconocido en el que, al final, te das cuenta que no está tan lejos el destino, pero que el trayecto de ida se vive con toda la intensidad que uno necesita para llegar a ese infierno, tu infierno. Si algo tengo claro es que al menos cuando terminéis de leer Desde el infierno, durante un tiempo, no sabréis si estáis en él, o él está en vosotros. Una lectura que realmente, no os dejará indiferentes.

Una pregunta, y termino: ¿De verdad sabéis cómo son las personas que están día a día a vuestro lado?

Desde el Infierno

Enrique Laso

(Adaptación a la gran pantalla en 2014 por el director Luis Endera)

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