la-ultima-raya-9788461388585Me resultaría de una facilidad pasmosa dedicarme simple y llanamente a hacer una sencilla reseña de La última raya. Unas palabras sobre lo bueno o lo malo del libro, desvelar a grandes rasgos el argumento, y dar a conocer al mundo lector que es un libro que recomendaría. Javier Jorge no me lo ha puesto nada fácil, porque cuando llegas a la última página, sabes que no puedes quedarte impasible ante una hoja en blanco y rellenarla solamente con palabras de paja sin un sentido más que de pura publicidad comercial. Muchos han sido los borradores que he descartado mientras leía la novela, y tras varios y desastrosos intentos de seguir una línea urbana similar a la de La última raya, he decidido esperar a terminar mi lectura para redactar algo que se asemeje al estilo de la narración. Citando una de las premisas base de la novela, mi decisión se debió a no “permanecer bajo el agua tras la inmersión“, así que creo que mi mejor manera de reseñar esta novela es explicando, o más bien justificando las razones que, bajo la subjetividad de un servidor, La última raya merece ser leída. Árdua tarea la que me espera. Y por cierto, Javier, no he visto El Orfanato – sé que no tengo perdón de Dios – pero podías haberte cortado un poquito, rey (no dejes de ver el cariño con el que te dedico esta última frase). La veré, a pesar de todo.

He leído críticas y reseñas de diversa índole sobre La última raya, y quizá esa sea una de las primeras razones por las que invito a leer el libro. A medida que avanzaba en la lectura de la novela, y conforme el número de la página pasaba de tener dos dígitos a tres, una preocupación crecía en mi mente sin poder obtener una visión clara de solución, sin atisbar una luz al final del tunel, y sobre la cuál ahora puedo presumir que aún no tengo clara la respuesta, aunque sí pueda tener una idea bastante personal. ¿A qué género pertenece La última raya? Cuando leí la contraportada, el tema me llamó la atención: un dramón de aúpa, pero con toques de mala gente deambulando por la vida de un guaperas que lo tiene todo. No es que sea muy fan, que digamos, de ese tipo de literatura. Esperaba encontrarme con algo de acción, más allá de imaginar a tíos con los pantalones bajados hasta la altura de los tobillos, cogorzas descomunales a las puertas de un after, y chulangarros y chulangarras empolvándose como si estuvieran en un tocador a punto de entrar en el baile en uno de los salones del palacio de Luis XV. Mientras leía, pensaba que igual sería una obra psicológica en plan autoayuda, o quizá una obra biográfica (que no auto-, para los etiquetadores, ya que no tengo el placer de conocer personalemente a Javier Jorge, que sería todo un placer), una novela social, un diario personal del protagonista, no sé, diversas opciones me llegaban de repente. Enfatizo en el asunto de la subjetividad. Me he encontrado mucho más que todo eso. He conocido mucha realidad y realismo (que no es lo mismo) entre las páginas de La última raya, me he topado con un sentido humano de la personalidad a través del personaje, he acariciado la radicalización psicológica de la mente humana, y es más, me he encontrado a mí mismo recapacitando por cada momento de una vida que, bien no es la mía, todos conocemos. Quizá La última raya deba ser leída porque no es un libro en el que todo el mundo pueda analizar por igual las características, los argumentos, o las ideas. Es una obra personal de cada lector, cada uno que coja lo que quiera de la historia. Es un viaje propio, y no desconocido. Un viaje como si de una atracción de feria se tratase donde las subidas y bajadas las notas en los golpes que da la vida por una deficiente sujeción de la personalidad plasmada con todo detalle en las páginas, y adornadas con unas guindas apellidadas Coelho que hacen adentrarse al lector en ese sumidero de frustraciones del cuál cada uno a su manera intenta salir dentro de la obra. Hace dos días, en una red social indicaba que La última raya me había descolocado. Creo que ese es el tema principal. Una historia sencilla, del día a día, que te descoloca y que no sabes por donde cogerla, hasta que ella te atrapa a ti.

Igual que el estilo de Javier Jorge. Párrafos extensos, algunos incluso sin pausa alguna, como citando los hechos uno a uno a modo de lista de la compra, saltando a puntos en el tiempo de la imaginación porque parecen venir al caso, regresando a la línea temporal, e introduciendo los diálogos sin separación alguna. Seis sentidos, o siete, los necesitados para no perder el hilo. Otra de mis razones por las que recomendaría el libro. Cuando el personaje principal comienza a narrar su historia, vas tomando conciencia que va a ser algo fuerte, y no tardas en verte frente a él, tomando un café, o una copa, mientras agitando los brazos y gesticulando exageradamente te está contando su vida después de una larga noche de farra. El vocabulario camina preciso por el límite que separa la correcta dicción del vulgar y chabacano palabrerío, siempre con un tono natural, y cargado de un realismo extraordinario, teniendo en cuenta el ritmo de vida del protagonista. Un registro muchas veces violento, que dota de la acción necesaria a la novela, una acción no como estamos acostumbrados a ver o leer, una acción pasiva que te tensa el pensamiento. Y aquí viene otra de las razones importantes que veo en la recomendación personal.

He hablado de mucho realismo, de realidad, y de un descolocamiento contínuo mientras leía. Un fondo psicológico destacado en toda la novela clava la puntilla a La última raya. Cuando dije que había leído críticas de diversa naturaleza, en algunas de ellas tachaban a La última raya de ser una novela donde solo hay sexo y droga. Se pasan la vida follando y esnifando farla. Es cierto, es una posible, cierta, y perfecta lectura de la novela. Pero una vida de juerga en juerga conlleva lo que Javier Jorge ha sabido plasmar perfectamente, y vuelvo a aquello de las subidas y bajadas, del sumidero de frustraciones y del registro violento. Ahí es donde reside la gran magnitud que observo en la pluma del autor respecto a ese realismo, y a ese factor psicológico que redondea La última raya en su gran calidad. La tensión, la intesidad, la emoción, el sentimiento, la humanidad de la novela aparece una y otra vez, como dando lecciones sabias, en la vida del protagonista, y es lo que realmente atrapa al lector, uniéndolo al protagonista y convirtiéndolos en uno solo, adentrando en la mente y viviendo un mundo real dentro de la historia.

La última raya no es una lectura convencional. Es una lectura psicológica, social, personal, individual, radical, urbana, violenta, y de conciencia. Es un viaje desde la personalidad propia. Me está costando plasmarlo en palabras. Culpa tuya, Javier. Me has descolocado, totalmente. Te lo agradezco enormemente.

La última raya.

Javier Jorge

Ed. Destrangis

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3 comentarios en “Más allá del sexo y las drogas. Coge lo que quieras de “La última raya”

      1. Yo tampoco lo conocía. Lo único que tengo claros son los pasos a seguir: escribir una entrada en tu blog indicando que has sido nominado. En la misma debes enumerar tus a 15 bloggers nominados e informarles de su nominación (a través de un comentario en sus respectivos blogs). Por último, decir 11 cosas sobre ti.
        Así que, enhorabuena por tu nominación!
        Un saludo, Rubén.

        Me gusta

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