portada-memento-mori_grandeAcabo ahora mismo de clausurar mi lectura de Memento Mori y he decidido pasar a la acción sin perder un instante. Hace un par de días, tres a lo sumo, escribí un mensaje en una red social advirtiendo de la dificultad que se me presentaba en un futuro cercano a la hora de reseñar esta novela. Me reafirmo en conclusión que está siendo una ardua tarea, puesto que ofrece tanto que uno no sabe por dónde empezar. Intentaré que no se escape nada.

La primera impresión al acabar de leer es de indecisión. ¿Es un “thriller”?¿Típica novela negra? Tiene todos los ingredientes para pertenecer a ambos géneros. Me decanto por el thriller, – y que el autor me perdone la osadía de subcategorizarlo como psicológico, pero me viene a la memoria un Katzenbach psicoanalista – después de indagar en los inicios del género policíaco y en la etimología de lo oscuro. Pero es que es completa hasta la saciedad. El principio, por ejemplo. Ya César Pérez Gellida advierte al lector que se amarre bien a un lugar de apoyo porque las curvas que vienen en el viaje son de las cerradas, de esas complicadas y que merecen toda concentración posible. Y no solo por la intensidad en la descripción del primer asesinato, esa intensidad que hace que a medida que vas leyendo las primeras páginas vas abriendo inconscientemente los ojos en un atisbo de incredulidad ante los acontecimientos descritos, sino porque ya el autor está introduciendo las pistas de un conocimiento que roza lo espeluznante sobre materia literaria, musical, y todas las artes humanísticas posibles.

Podría resumir el argumento de Memento Mori, como introducción, pero son incalculables los momentos de la historia que no se podrían omitir, y necesitaría convertirme en copista de la novela en su versión íntegra. Todo en la novela es importante, desde el primer momento en que el inspector Ramiro Sancho comienza la investigación del primer crimen como el averiguar qué se ha perdido el lector cuando el citado inspector se da cuenta de aquellos detalles que ha pasado por alto mientras vigila un estanco vallisoletano. Son importantes todas las palabras, resultado de la gran audacia y maestría con la que Gellida embauca al lector retándole a mantenerse ojo avizor. Yo me atrevería a verlo como un juego: si pierdes el detalle, quedas fuera de la partida (hubiera preferido hacer una metáfora sobre el rugby, por ejemplo, más al caso, pero aún no estoy ducho en el tema deportivo).

Pero vayamos a los elementos por las que esta novela es de obligada lectura para los amantes del género. Es curioso la facilidad con la que el autor cambia de registro en las páginas, diferenciando perfectamente la naturaleza de los personajes. Incluso se atreve con la mezcolanza verbal en un mismo individuo. Miremos al co-protagonista, Augusto Ledesma. Intelectualidad musical de culto a más no poder (reconozco haber cantado Little Fifteen de mis amados Depeche mientras leía la letra), conocimiento de una amplia variedad clásica literaria (por no mencionar las expresiones latinas muy oportunas en cada ocasión) y como remate final, esa cabeza tecnológica llena de bytes, programas informáticos y jerarquía de delincuencia electrónica que merece quitarse el sombrero, unido al roce de un vocabulario rozando la ausencia total de educación en un mismo personaje, siempre bien situado en el lugar correcto y rodeado de la gente adecuada. Solo me viene una afirmación a la mente: la novela ha sido escrita en su plena madurez, demostrando una exhaustiva documentación y un perfecto y completo conocimiento por parte de la pluma firmante.

Es relevante también, a mi subjetivo juicio, la dosis de realismo que Gellida inyecta a la novela. Como puntualicé anteriormente, y como el autor quiere tildar, la banda sonora de la novela es, permitidme la expresión, “acojonante”. Toda la música que el “sudes” (no puedo disimular mi adicción a cierta serie criminal conductual, y que para sincerarme, me vino a la memoria en una de las descripciones de uno de los cuerpos hallados) escucha a lo largo de la novela es digna de una cultura actual profundizada en el culto del género. Las localizaciones de la capital castellana, los barrios, las calles, los libros y citas, incluso todo un monólogo psicoanalista de casos del pasado en referencia al estudio de la mente criminal, hacen que el mundo ficticio al que se supone que debemos llegar esté al alcance de la mano.

Tengo que agradecer al autor, al menos por mi parte, que me haya hecho sobresaltarme en muchas ocasiones por motivos extraoficiales del thriller psicológico de manual. O al menos, rasgos indirectos pertenecientes al mismo. La naturalidad y el realismo citado en Memento Mori viene acompañado muchas veces por la aparición de elementos que desconciertan en gran medida pero que ayudan a corroborar que lo que está pasando, es real. Son elementos que hacen que tu mente vuele a alguna calle de tu ciudad, o a alguna situación almacenada en tu cerebro que te provoca una vivencia en tiempo real dentro del libro. Punzadas de cotidianidad que le dan frescura a la narración y que hacen que la lectura sea parte de tu vida misma. Diálogos del día a día, siempre dentro de su ámbito, y en el registro que merece. Juega con la ironía intelectual como un niño juega el día de Reyes con su juguete recién descubierto. Y cada página, es un regalo distinto.

¿Tensión?¿Intriga?¿Deseperación por saber? Elevadas a la máxima potencia, pero desde el inicio hasta el final. Una trama perfectamente organizada, donde no cabe la sospecha, la premonición, la intuición. Solo hay sitio para la típica: “Coño, pero ¿cómo va a terminar ésto?” Solo hay un atisbo de luz en la aparición del personaje más excéntrico que he conocido hasta la fecha, con toda la socarronería e ironía que se pueda concentrar en un mismo carácter. Pero que no os confunda. Ni de lejos. No creáis que os rendiréis porque si de algo estoy seguro, es que estaréis en vilo hasta la última página. No luchéis por querer ser mejores detectives que el propio Sancho, porque estáis destinados al fracaso.

César Pérez Gellida ha sabido jugar muy bien sus cartas. Ha dado a luz una novela (Memento Mori es la primera parte de la trilogía Versos, Canciones, y trocitos de carne) donde solo hay un final y un camino. Es un juego en el cuál si entras, no puedes salir, si no juegas bien tus cartas. En tu mano está. Ganar o perder. Pero merece la pena el riesgo.

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2 comentarios en ““Memento Mori”: La definición perfecta de “thriller”.

  1. Un libro muy previsible y falto de tensión. El final se ve venir desde kilómetros. Escrito de una forma anticuada, con un vocabulario ajeno a la novela negra plagado de adjetivos y adverbios terminados en “mente” y falto de estilo. Habrá que leer los siguientes para ver si hay mejora. Si ese es el ejemplo de un thriller perfecto, no sé que pensarán Preston-Child. O Harlan Coben.

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    1. Cada autor y cada lector tiene su punto de vista a la hora de calificar, clasificar e interpretar una obra literaria. Que un autor no se ciña a los estilos clásicos de un género no es síntoma de no tener carácter propio. Hay, por ejemplo, novelas negras que no se ciñen a un Bunker, Piglia o Lowry y son grandísimas obras dentro del género. Todo depende de los ojos que lean la obra. Y lo bueno que tiene la literatura es la subjetividad interpretativa de cada lector. Estoy muy agradecido por tu comentario, una de las cosas que más se aprecian en lugares de literatura, y más aún si son por placer y “amateurs” es la diversidad de gustos y opiniones que ayudan a los visitantes a escoger bajo su propio criterio.
      Un saludo desde MML

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