9788467036763Necesito creer en mi capacidad de respuesta ante una situación como la que en estos momentos estoy viviendo, situación que me lleva a decisiones personales ante un proyecto como el escribir esta reseña. No es nada fácil. Aunque con la primera frase ya tengo cumplido gran parte del objetivo. La edad de la ira. Un autor, Fernando J. López. Una ficción desgarradora, cruel, angustiosa, inverosímil ante el convencionalismo actual. Potencia, fuerza, descontrol, pasividad, hipocresía. ¿Algo más? Sí. Adolescencia. ¿Locura, egoísmo, despreocupación, desmotivación, sin metas, irresponsabilidad, la ley del no-respeto? La edad de la ira. No creo que pueda olvidar nunca jamás esta novela.

Estamos hartos, creo que hablo por la gran mayoría, de oir en las noticias el concepto de bullying, acoso, humillación, fracaso escolar. Noticias que a todos nos hacen estrujarnos el cerebro sacando conclusiones y opiniones varias sobre los motivos por los que esta sociedad está sufriendo tal desmedida incoherencia ante el comportamiento humano. Y casi me considero en lo cierto, la gran mayoría de nosotros coincidimos en el mismo punto. Fernando J. López nos presenta una novela donde los protagonistas hacen honor a su propia y única verdad posible para defenderse del acto más atroz que, desde mi punto de vista, puede llevar a cabo un ser humano. Posiblemente acabo de resumir el argumento de esta historia.

A modo de documental, – me ha dado la sensación, sin ánimo de clasificar la novela dentro de ningún género – el autor nos introduce en uno de los mundos que, seguramente después de leer La edad de la ira, más desconocemos. Y aquí viene la complicación, puesto que en un principio se augura un drama adolescente de incomprensión, rebeldía, y búsqueda de la madurez, pero que a medida que el lector va adentrándose en la historia, ese drama se transforma en una realidad palpable hoy en día, y no solo exclusiva de la edad más loca de la persona, sino que involucra a todo aquel que piensa saber actuar y comportarse como humano. Desde diferentes ángulos, Fernando busca la interacción del lector planteando perspectivas que se omiten en la cruda realidad y en las que otorgamos la responsabilidad a los actos del prójimo.

Con un lenguaje claro, próximo, entregado y etiquetado según personaje, el autor hace que cada página incluya, además de la intriga y el deseo de seguir, una visión aterradora de una situación más que complicada. Digo aterradora porque con cada palabra consigue que el lector las viva como si salieran de su propio fuero interno. Las sufra. Permitidme la licencia de exagerar el subjetivismo pero no creo recordar un sentimiento vivido en un libro tan real como el que me ofrece La edad de la ira. Y complicada por ese sentimiento en su esencia.

No pretendo hacer extensa la recomendación de La edad de la ira. La lucha por descubrir una identidad, la pluralidad en la sociedad, la aceptación personal, el apoyo mútuo, la comprensión y el respeto, la lucha contra el rechazo, todo enunciado de manera comprensible y sin ostentar monólogos pedagógicos, son más que motivos suficientes para describir una obra, como dije al principio, dura, de crudeza extrema, potente, e íntima (cuando terminen ustedes de leerla, entenderán el último calificativo). Gracias, Fernando J. López. No creo que pueda nunca olvidarme de La edad de la ira.

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